Ciencias Alternas

El Ángel de la Guarda

El Cielo no descuida nada que pueda ayudarnos, por ello pone a nuestro lado estos espíritus celestes para que nos protejan, nos instruyan y nos guíen

Dr. Moisés Matamoros Muñoz

Es parte de la tradición religiosa, sobre todo en el cristianismo, hablar del ángel de la guarda, pero ¿quién es realmente?, ¿existe?, ¿para qué sirve o cuál es su función?, ¿es válido pedirle a ellos? Todas estas preguntas pueden proyectar un nivel de resolución muy terreno, Dios tiene formas distintas de resolver las cosas. Entre más bajo es nuestro nivel de conciencia más separación podemos ver entre Dios y los Ángeles, como si fuera una lucha de intereses. Dios no ve las cosas como las vemos nosotros, su lenguaje no es el nuestro.

Algunas personas me han dicho “prefiero pedirle al de arriba, al mero mero” y con ello piensan que evitan caer en una falta o pecado de idolatría, para no tener que acudir a una ayuda que no sea la de Dios. Se respeta el libre albedrío, sin embargo en el mundo espiritual no hay lucha “quién es más, quién es mejor, quién me resuelve más pronto el milagro”.

El ángel de la guarda es una presencia espiritual que está para darnos guía, le podemos llamar espíritu, entidad sobrenatural, voz interior de cada ser humano que tiene como misión entregar mensajes, y mostrar el amor de Dios a la humanidad. El ángel de la guarda está ligado a cualquier situación de la gracia divina. Pedirles a los ángeles es pedirle a Dios, porque donde quiera que vayas verás a Dios. Pedirle a Dios que nos muestre su voluntad es pedirles a los ángeles, porque en el mundo eterno no hay división.

La jerarquía mencionada en la Sagrada Escritura de Ángeles, Arcángeles, Querubines, Serafines, Potestades, Principados, Virtudes, hace mención a un rango concebido por el ser humano. En el corazón de Dios no hay “este es más, este es menos, este es arriba y el otro abajo”. Una energía espiritual llamada ángel, tiene todo el poder, fuerza y luz para acercarnos más a la Divinidad, siempre y cuando estemos dispuestos a dejarnos guiar.

Para nosotros, es importante visualizar formas, figuras (accidentes, filosóficamente hablando); por eso visualizamos a estos seres con alas, de colores brillantes o armaduras poderosas. Sin embargo, los ángeles son más que eso, y nunca acabaremos de comprender su presencia, ya que vienen de Dios, y Dios no es entendible, Dios no existe para razonarlo. La existencia de Dios es un flujo de amor, y lo conocemos a través del amor, no a través de categorías sujetas al tiempo y al espacio. Dios es uno con sus ángeles y ellos son una extensión de Dios, como los rayos del sol.

Los ángeles de la guarda existen, de acuerdo al sistema de la Kabbalah (columna derecha y columna izquierda), y de acuerdo a la Chispa Creadora (divino femenino y divino masculino) podemos afirmar que al menos hay dos ángeles que siempre están acompañándonos, uno del lado derecho y otro del lado izquierdo. Sin embargo, toda la energía de Luz que invoquemos estará siempre presente acompañándonos, y podemos tener al Universo entero asistiéndonos.

El ángel de la guarda nunca nos obligará a hacer algo, repito, es una energía que proviene de Dios y Dios nos creó libres. Así que desde nuestro libre albedrío tenemos opción de elegir. Somos y permanecemos libres; pero el papel de ellos es vital, como el de un consejero silencioso y de confianza que permanece a nuestro lado, tratando de decirnos lo que es mejor, sugiriendo el camino correcto, para con ello estar más despierto, evolucionar y ser más afines al Creador. Es una certeza que en vidas pasadas, en esta vida y en las próximas, contaremos con esta asistencia, no estamos solos.

Una analogía muy sencilla, y tal vez poco ortodoxa, pero con mucha didáctica, se refleja en la película Pinocho de Disney, cuando el Hada Azul le da el mejor consejo a la recién animada marioneta de madera para poder convertirse en un niño de verdad: “deberás distinguir entre el bien y el mal, tu conciencia te lo dirá; la conciencia es esa débil voz interior, consejero en los momentos de tentación y guía de estrella, senda del bien; pórtate bien y deja a tu conciencia ser tu guía”.

Tal vez estas palabras resuenen hoy con profundidad en este tiempo, necesitamos volver a ser “niños de verdad” que se dejen guiar, orientar, iluminar. Necesitamos más que nunca de nuestro ángel custodio para revelar más luz en los momentos de oscuridad. Nuestra alma requiere constantemente apoyo en su recorrido hacia el encuentro con Dios. También nosotros, todos, sin excepción, hoy necesitamos menos ego y más guía.

Recuperando lo que la Biblia dice sobre los ángeles, menciono esta cita que pudiera ser muy iluminadora en esta reflexión: “Yo voy a enviar un Ángel delante de ti, para que te proteja en el camino y te conduzca hasta el lugar que te he preparado. Respétalo y escucha su voz” Ex 23, 20 – 21. Desde el Antiguo Testamento Dios dispone a un mensajero que va delante de nosotros, muchas veces queremos ir nosotros por delante, pero nos queda claro, para tener guía, necesitamos que nos conduzcan por el camino correcto.

Los santos nos enseñan mucho sobre cómo conectar con nuestros ángeles, en el siglo IV San Basilio Magno decía que “todo fiel tiene a su lado un Ángel como protector y pastor, para llevarlo a la vida”. Por su parte, San Bernardo de Claraval enseñaba que los Ángeles Custodios son demostración de que “el cielo no descuida nada que pueda ayudarnos”, por lo cual pone “a nuestro lado estos espíritus celestes para que nos protejan, nos instruyan y nos guíen”. El mismo San Bernardo en uno de sus sermones indicó que “ellos, los que nos guardan en nuestros caminos, no pueden ser vencidos ni engañados, y menos aún pueden engañarnos. Son fieles, son prudentes, son poderosos: ¿por qué espantarnos? Basta con que los sigamos, con que estemos unidos a ellos, y viviremos así a la sombra del Omnipotente”.

Se dice, entre muchas historias, que en una ocasión San Juan Bosco narró que el día de la fiesta del Ángel de la Guarda, recomendó a sus muchachos que en los momentos de peligro invocaran a su Ángel Custodio. En aquella semana dos jóvenes obreros estaban en un andamio altísimo alcanzando materiales y de pronto se partió la tabla y ambos se vinieron abajo. Uno de ellos recordó el consejo del santo y exclamó: “¡Ángel de mi guarda!”. Cayeron sin sentido y cuando sus compañeros fueron a verlos, encontraron que uno había muerto, pero el que había invocado al Ángel Custodio recobró el conocimiento y subió la escalera del andamio como si nada le hubiera pasado. Luego el muchacho contó que al invocar a su ángel sintió que le ponían por debajo una sábana, que lo bajaban suavemente y que después de eso ya no recordaba más. Seguro tú también puedes narrar historias donde tu ángel de la guarda se ha manifestado para asistirte en momentos sorpresivos e inesperados.

Santo Tomás de Aquino detalló en la Summa Theologica que “la rapidez de movimiento del ángel no se mide por la cantidad de su poder, sino de acuerdo con la determinación de su voluntad”. Los ángeles no están sujetos a un cuerpo material, por lo tanto al pedir su ayuda estarán con nosotros antes incluso de invocar su nombre.

Ángel de la guarda, compañero de mi vida, tú que nunca me abandonas, ni de noche ni de día, sé que estás a mi lado, escuchas mis oraciones y las presentas ante Dios. Ángel de Dios, que yo escuche tu mensaje y que lo siga, que vaya siempre contigo hacia la presencia divina, que me lo envía. Testigo de lo invisible, presencia del cielo amiga, gracias por tu fiel custodia, gracias por tu compañía. Así sea.

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Acerca del autor

Hugo Martínez

Diseño Gráfico

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