Cultura

Jugar a leer, clave para provocar el acercamiento de niños y jóvenes a la lectura

Reuben Martínez, especialista de Estados Unidos, expone su experiencia dentro del Primer Encuentro Internacional de Salas de Lectura

jugaraleerEl recuerdo de unos padres sin tiempo para leerle libros, lo motivó para convertirse en uno de los máximos promotores de la lectura infantil y juvenil en América. Tras esa experiencia personal y más de medio siglo inmerso en el mundo de las letras, Reuben Martínez afirma que la clave para motivar a estos sectores de la población es aprendiendo a jugar a leer.

Martínez, de origen mexicano pero de nacionalidad estadounidense, compartió en entrevista algunas reflexiones en torno al universo de los libros y la lectura, luego de su participación dentro del Primer Encuentro Internacional de Salas de Lectura, organizado por la Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta).

Tan pronto se involucró en la labor de fomento a la lectura, este hombre de 70 años de edad supo que la edad idónea para hacerlo es cuando se es niño o joven: “Es mejor estimular este hábito desde pequeños porque uno está más dispuesto a recibir información, y por ende, a absorberla con mayor facilidad. Hay que acercarse a la lectura sin presión, sin estrés, como lo hacen ahora los adultos.”

—¿Cuáles serían los principales errores que se cometen al momento de querer que los niños y jóvenes lean?

“Primero no forzar. No podemos obligarlos a que lean cuando se trata de un acto placentero. En segundo lugar, atender a los menores cuando están frente a un libro, es decir, los padres tienen que estar ahí con ellos en su lectura, brindarles tiempo y atención cuando estén en este acto. Por eso hablo mucho con los adultos para que contribuyan en el fomento a la lectura.”

Quien es cofundador del Latino Book Festival —evento anual itinerante que tiene por objetivo motivar a los hispanohablantes a valorar la literatura—, está convencido de que se trata de una labor difícil de sobrellevar, más aún con la presencia de nuevas formas de entretenimiento e información:

“Es necesario que luchemos por regresar a lo básico, como es la lectura, porque ahora tenemos una gran competencia que son las computadoras o la televisión. Para la mayoría de los niños y jóvenes el libro no es importante, una situación triste porque no tienen un bagaje cultural que los respalde, incluso hay quienes no han leído ni siquiera un libro.”

Incluso, Martínez confiesa su temor de que la vida de las librerías y bibliotecas está contada. Por eso, agradece a instituciones como el Conaculta por organizar este tipo de encuentros para hacer un llamado de atención y reflexionar sobre la necesidad de sostener proyectos en pro de la lectura y del libro.

Al preguntarle al fundador de la Librería Martínez Libros y Galería de Arte cuál sería la regla básica para fomentar el hábito de la lectura, trajo a colación una experiencia que vivió con sus hijos cuando éstos eran niños: “Creo que sigue siendo un reto para quienes nos dedicamos a esto, pero creo que hay una manera interesante que yo la experimenté. Me acuerdo que todos los miércoles y viernes por la tarde jugaba con mis hijos a leer libros. Al principio no fue fácil, porque se escapaban para irse a jugar, pero yo seguía leyendo en voz alta para que me escucharan desde donde estaban. Al final, logré que por decisión propia se sentaran junto a mí a escuchar las historias. Hay que jugar a leer.”

—¿Los adultos tienen esa disposición para jugar a leer?

“No tienen tiempo. Es un hecho lamentable cuando tenemos tantas obras de grandes autores de diversas lenguas. En verdad la experiencia de escuchar la voz de los papás leyendo no se compara, por eso yo los cuestiono por no ponerla en práctica frente a sus hijos. La lectura también es un elemento de unión familiar y no lo estamos aprovechando.”

Pero esa parte lúdica no sólo debe limitarse al núcleo familiar, aclara Martínez, que en 2004 recibió la Beca MacArthur (siendo la primera vez que se le otorga a un vendedor de libros). También hace una invitación a maestros, promotores y todos aquellos involucrados en el universo de las letras, a impulsar la lectura a través del juego.

Finalmente, el promotor estadounidense habló de la experiencia que tuvo con jóvenes mexicanos en reclusorios, donde ofreció algunas sesiones de lectura.

Al respecto se le preguntó si en este caso la lectura es un canalizador de emociones. Así respondió: “Claro, pero también un ejemplo de que la educación es sinónimo de libertad, que es lo que ellos tanto anhelan. En estos tiempos es mejor ser inteligente que ignorante. Siempre que puedo menciono una idea que dijo Benjamín Franklin en 1750, acerca de que no hay nada que cueste más a la educación que la ignorancia. Y los libros nos pueden ayudar a combatirla.”

Revista Protocolo

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