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Pablo Larios Iwasaki, comienza la leyenda de “El hombre de goma”

Quien fuera titular de la portería mexicana en el Mundial México 1986, falleció la mañana de ayer, a los 58 de edad

Luis Hernández Reyes

Nada era igual como un domingo a las tres de la tarde y en pleno hervor de la hierba que le daba un colorido especial al llamado Estadio Agustín “Coruco” Díaz, donde se forjó uno de los porteros más importantes del futbol mexicano: Pablo Larios Iwasaki.

Ahí nació, en pleno corazón del ingenio y entre duras jornadas de trabajadores fieles a los colores verde y blanco. Muy cerquita, un chiquillo daba sus primeros saques de meta que le convertirían en un símbolo de la cabaña.

Previamente, la historia de este tan singular equipo, la hace grande don Guillermo Cañedo, al convertir toda una institución futbolera bajo el mando de Nacho Trelles, destacando jugadores mexicanos de la talla de Raúl Cárdenas, José Antonio Roca, Panchito Hernández, Antonio “el Güero” Jasso, Pedro “el Siete Pulmones” Nájera y Alfredo del Águila. De ese Zacatepec, en segunda etapa, brillaron Mario Hernández, Alfredo “Harapos” Morales y Ricardo Castro. Lugar preponderante aguardaba a Larios para darle brillantez no solo al equipo, sino a su persona por su peculiar forma en la custodia del marco.

En la tierra morelense de la más afamada selva cañera, llega Pablo a la Selección Nacional de 1986 bajo el mando de Bora Milutinovic, convirtiéndose en el titular del arco mexicano. Iwasaki tuvo la fortuna de convertirse en especial crónica del relator más importante de nuestro país: Ángel Fernández, elevando sus actuaciones a la llamada gloria, alcanzada por el jugador más importante que México ha tenido en España: Hugo Sánchez; y por el autor del gol más bello que se ha registrado en la historia mundialista: Manuel Negrete.

En la justa mundialista, a Pablo solo le pudieron anotar en dos ocasiones en tiempo regular: el 3 de junio de 1986, en el Estadio Azteca contra Bulgaria (gana México 2-1, el gol búlgaro a cargo de Edwin Vandenbrgh); y el 7 de junio de 1986, también en el Coloso de Santa Úrsula, (1 a 1) contra Paraguay (anotación paraguaya de Julio César Romero). Pero sufrió con los cuatro tiros de penal que le anotó la posteriormente subcampeona Alemania, en el estadio de la Universidad Autónoma de Nuevo León, para dejar al equipo tricolor en cuartos de final y con ello quedar eliminados del Mundial.

Así, entre coordinaciones del orbe, tuvo su paso por Zacatepec, Puebla, donde fue campeón en el Torneo de Liga 1989-1990, y el mítico Toros Neza, pero más importante fue su llegada al Cruz Azul, equipo con el que fue subcampeón en las temporadas 1986-1987 y 1988-1989.

Distinguido por su resorte para atrapar el balón y sus sorprendentes estiramientos de un lado a otro en hilados al travesaño.

Lamentablemente, la cocaína, un estímulo ajeno al deporte, le brindaba peculiar inspiración reflejada en el tabique nasal, del cual, paulatinamente, fue debilitando las paredes internas que más tarde, le provocarían severos problemas físicos, de los que, aunque demasiado tarde, pudo recuperarse para dedicarse de lleno a la elaboración de uniformes para agentes de seguridad.

Inspiración para otros porteros, ídolos del balompié mexicano como Jorge Campos, “El hombre de goma” también llamado “El portero de la selva”, nacido en Zacatepec el 31 de julio de 1960, falleció la mañana de ayer, jueves 31 de enero de 2019, por una parálisis intestinal, en la ciudad de Puebla, a los 58 años de edad.

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