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Editorial 3W México


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Febrero 1, 2007 en la Sección Especial.

El narcomenudeo

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El Marcial no llegó a la navidad de 2006. Falleció en un hospital de salubridad víctima de una implacable cirrosis. Pertenecía a una familia de clase media de un barrio de la zona metropolitana. Su única hermana lloraba desconsolada. Pero la mayoría de sus familiares no sintieron ningún dolor por su muerte. En realidad, los comentarios de los asistentes al sepelio se enfocaban en anécdotas chistosas. Como aquella vez que Marcial se quedó dormido en el suelo de la sala, y ahí, sus sobrinos le llenaron la cabeza con pegamento blanco, creyendo que le ponían gel para peinarlo. Al despertar de su borrachera, se dio cuenta que no le daban masaje, sino que le habían implantado un “permanente” tipo mohicano muy difícil de quitar.

El recuento de la corta vida de Marcial es muy simple en realidad. Estudió la escuela primaria y no quiso entrar a la secundaria. A la edad de 14 años fue remitido al tribunal para menores por posesión de drogas, del cual salió no después de muchos días de llanto de su hermana.

Marcial se portó bien por un rato, pero un día decidió vivir “la vida loca” y se fue al festival de Avándaro con hippies mayores de edad que él. Después de eso su vida cambió, había descubierto el amor y la paz. Entonces se dedicó a escuchar a los Beatles y los Rolling Stones, y a consumir marihuana, “tan sólo por sus efectos medicinales” decía él. Un día su hermana le puso un ultimátum: “O te pones a trabajar o te vas de esta casa”, le dijo en forma tajante y decisiva. Y desde entonces, Marcial se fue a vivir de forma errante por diferentes cantinas y antros de mala muerte.

Un día, Marcial llegó corriendo hasta mi despacho, sudaba y reflejaba un miedo excesivo. “Escóndeme, por favor, carnalito”, me dijo con voz temblorosa. “¿Qué sucede?” Le pregunté un tanto preocupado. “Es que la policía está haciendo redadas”, añadió sin dejar de temblar. Cerré por un momento mi despacho, entonces observé por la ventana el ajetreo en la calle. Había algunas patrullas y los policías cargaban con cuanto greñudo paseaba por el lugar. Esta situación, además de ser poco normal en esa zona, era demasiado ilustrativa, pues los policías trataban de hacerse notar ante los habitantes. Para nuestra fortuna, nadie tocó a mi puerta. Marcial me contó ese día algunas cosas de su vida. Desde la primera vez que probó las drogas, y hasta cuando se convirtió en delincuente. Entonces me di cuenta que Marcial había sido tan sólo una víctima más del narcomenudeo.

Aprovechando la situación, convencí a Marcial de que lo mejor para él era un grupo de autoayuda. Que debería de alejarse de sus “amigos” y pensar en un mejor futuro. Entonces Marcial ingresó en una granja de rehabilitación y parecía que habíamos logrado “el milagro” de reintegrarlo al seno familiar. Sin embargo, semanas después supe que se había escapado, que robó un auto y que su consumo de drogas se había agudizado.

Al recordar la vida de Marcial como simple espectador, me pude dar cuenta de cómo la adicción lo consumió poco a poco pero de manera irreversible. Sus últimos días los vivió mitad en la pulquería de su barrio, y mitad en casa de un compañero de adicciones. Se le veía caminar despreocupado y sin ningún tipo de remordimiento. Cuando su hermana fue avisada que se encontraba en el hospital, ya era demasiado tarde para hacer algo por él. El narcomenudeo había cobrado una víctima más.

Marcial tuvo tiempo de despedirse de su hermana y pedirle perdón por todos los tragos amargos. Ella, generosa como era, le pidió perdón a él, pues se sentía culpable de no haberlo cuidado bien.

Marcial murió y ahora nadie parece extrañarlo, ni sus familiares ni sus amigos. Sin embargo, yo no dejo de sentir indignación al ver que una persona nunca tuvo una vida. Pues a muy temprana edad, el narcomenudeo se la arrebató.

Hablar de lo que es el narcomenudeo y lo que significa, es hablar de algo que todo mundo conoce. Sin duda lo más preocupante de todo es saber que al salir de la puerta de nuestras casas podemos encontrarnos con él. Nuestros hijos están expuestos y no sobran las preocupaciones y los cuidados para con ellos. Está por demás decir que esa mafia destroza vidas y familias completas. Sin embargo, y como en todo, esperamos que las instituciones encargadas de controlar la tranquilidad del país logren buenos resultados.

Por nuestra parte tratamos de colaborar aportando un granito de arena a la conciencia de nuestros lectores. Por eso, Editorial 3W México ha sacado al mercado una historieta inspirada en transmitir valores morales.

La verdadera historia de Chilán Chingá es una historieta de entretenimiento con enfoque didáctico, que busca la reflexión del lector sobre su participación en el entorno social.

La historieta tiene como objetivo lograr que, por medio de las historias, el lector se divierta, se identifique y además capture los diversos mensajes que intencionalmente se busca hacerle llegar.

Chilán Chingá es un título estudiado para llamar la atención del público target, al cual queremos captar e involucrar mediante el contenido de la edición.

Cada personaje ejemplifica valores y antivalores sociales, ambientales y civiles, pero sin connotaciones políticas directas.

El esfuerzo de las historias está enfocado de tal manera que cada episodio nos transmita un mensaje positivo. Que algunos de nuestros lectores tomen conciencia de las cosas buenas y malas.

Todos vs el narcomenudeo es el título de la edición número dos. En este episodio se trata de crear conciencia sobre la atención que los adultos debemos poner en los niños, para cuidarlos de no acercarse al consumo de drogas. Así como invitar a todos para que actuemos responsablemente ante la presencia de dicho mal. En el episodio titulado: Los diablos de Drogoberto (del cual hablaremos posteriormente) también se enfoca a los adictos para que acepten la ayuda de sus amigos y familiares.

Sin duda, el narcomenudeo es un gran problema social, y como tal, debemos atacarlo socialmente. 3W México pone en los puestos de revistas La verdadera historia de Chilán Chingá, tratando de aportar un poco de ayuda a la comunidad.

• Martín M. Avilés Ramírez Guionista y dibujante de historietas.

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