Internacional

2004 año del reencuentro entre Europa y México

El año 2004 marca el reencuentro entre Europa y México. Tres hechos importantes caracterizan este acontecimiento: la ampliación de la Unión Europea a diez nuevos miembros; la primera visita de un jefe de Estado ruso a nuestro país, y entre estos dos, la Cumbre de Guadalajara, que contó con la asistencia de casi 50 jefes de Estado de Europa, el Caribe y América Latina.

Una consecuencia poco analizada de la ampliación de la UE es la reaparición, más bien la aparición, de diez nuevos actores en el escenario internacional. Por primera vez países como Malta, Chipre, las naciones bálticas tendrán una significación real en la región como el Medio Oriente o América Latina. Esto no por su importancia propia sino porque tendrán un voto en la toma de decisiones de los países poderosos de Europa Occidental, Alemania, Francia y el Reino Unido, que realmente forjan la política europea.

Entre los diez nuevos miembros sólo Polonia puede jactarse de una historia de relaciones relevantes con América Latina. Checoslovaquia ya no existe y Hungría sólo emprendió relaciones diplomáticas con América Latina en los años sesenta y setenta. Los demás están todavía más remotos. Y aun así, esta historia es más bien marginal y folclórica, entre los intentos de colonización y los acuerdos políticos nunca concretados durante los tiempos del Comecon.

Así que la adhesión de estos países a la UE será una verdadera revolución en la relación Europa Oriental-América Latina, un tipo de Big Bang en apenas un mes.

Comercio y cultura

A partir de mayo de 2004, estos diez países tendrán un acuerdo de libre comercio con Chile y México, y negociarán juntos con los 15 actuales otro con Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. El 28 de mayo los jefes de estos estados, en la mayor parte de los casos por primera vez en su historia, se reunieron con sus colegas de 32 países de América Latina y el Caribe. Así, las relaciones rebasarán el marco muy limitado que existía, el cual se circunscribía casi exclusivamente a dos ámbitos: las relaciones culturales y los intercambios de población.

En realidad incluso las relaciones culturales fueron incrementadas por la perspectiva de adhesión a la Unión Europea. En 1995, la UNESCO había impulsado un acuerdo entre la universidad de Varsovia y la de Río de Janeiro que desembocó en una red uniendo a más de 50 instituciones con 15 reuniones internacionales y la publicación de 30 libros.
La emigración masiva de habitantes de Europa del Este a América Latina también era un lazo tenue entre ambas regiones. Por ejemplo, hoy en Brasil viven un millón y medio de habitantes de origen polaco y 150 mil yugoslavos en Argentina.

Sin embargo, lo interesante no son estas viejas diásporas sino las más recientes, los latinoamericanos que van a Europa, incluso a Europa del Este, en busca de trabajo. La demografía declinante de la región y su crecimiento económico actuarán como imanes para los latinoamericanos como pasó con España y Portugal, pero también Irlanda o Grecia. Los países del este al igual que los de América Latina ven su estatuto internacional incrementado y no disminuido por su integración (con la pérdida de soberanía que esto implica) a un bloque más amplio, la UE en un caso, América Latina en otro.

Actores activos

Paradójicamente esta pérdida de soberanía aceptada hace de países hasta entonces considerados por los demás y por ellos mismos como periféricos, unos actores activos y hasta centrales de la comunidad internacional. Esto se pudo constatar de forma breve pero espectacular durante la guerra en Irak, cuando de repente, México, Chile, Bulgaria o Polonia hicieron que su postura se volviera en el foco de la atención internacional. El acercamiento entre América Latina y Europa del Este es sin lugar a dudas menos espectacular. Sin embargo también es más significativo a largo plazo.

La visita de Vladimir Putin también podría ser el principio de relaciones concretas entre dos potencias económicas del mundo que no tienen por qué hacer transitar sus relaciones por terceros, ya sea Estados Unidos o Europa.

Pero indudablemente el broche de oro del reencuentro México-Unión Europa fue la Cumbre de Guadalajara. El propósito no era tomar decisiones concretas, sino mantener el diálogo e impulsar la relación. En este sentido, la misión fue cumplida aun cuando el medio ambiente y la ecología nunca fueron mencionados.

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