Internacional

El terrible hedor de la Guerra

En respuesta al sangriento asalto, acerca del cual India insiste que fue provocado por extremistas islámicos respaldados por el gobierno de Paquistán, Nueva Delhi mandó a un imponente ejército y armamento a la frontera de la disputada región de Cachemira, e Islamabad no perdió tiempo en seguir su ejemplo.

Según fuentes internacionales, en la actualidad en Cachemira se encuentra la más grande concentración militar de los últimos 15 años, y ambos lados están amenazando con lanzar una guerra si el otro no se retira.

Desde el estallido de las tensiones, ya son varias las docenas de muertos, y si este conflicto se abre a una guerra total, será la cuarta entre estos 2 vecinos desde que se separaron en 1947.

Entre tanto, el asunto se ha convertido en un peligroso juego de estira y afloja político entre tres actores, es decir, India, Paquistán y Estados Unidos.

No hay que olvidar que cada uno de éstos tiene su propia agenda. En el caso de la India, el objetivo es claro: obligar a Paquistán a destruir a los grupos antihindúes militantes que operan en su territorio.

Para Paquistán, la meta es más ambigua, pero en principio es recuperar el territorio disputado de Cachemira mientras mantenga su relación con el Tío Sam de «nuevo mejor amigo».

Estados Unidos, por su parte, está tratando de empujar a Paquistán sin perder su cooperación en la búsqueda de los líderes Talibán y los miembros de Al-Qaeda.

En este contexto, la mejor oportunidad de Paquistán para reducir las tensiones sería adoptar una política de cero tolerancia, en tanto continúe el militarismo terrorista dentro de su territorio. Mientras India debería ceder en parte su dominio de mano de hierro en la región de Cachemira.

Esto, desde luego, no sería nada fácil de realizar, pues tanto el presidente Pervez Musharraf como el primer ministro Atal Behari Vajpayee representan a los mayores partidarios del militarismo dentro de sus respectivos países, es decir, el ejercito paquistaní, por un lado, y el partido derechista de Bharatiya Janata, por el otro.

No obstante, en conjunto, esas dos acciones crearían un ambiente mucho más receptivo para la resolución del espinoso tema de las relaciones bilaterales entre los vecinos.

Por el contrario, el subcontinente asiático quedará a merced de una nueva guerra.

Ciertamente, la división de India y Paquistán no resolvió el antagonismo étnico y religioso, y han pasado tres guerras para comprobar este hecho.

Ahora, de nuevo India y Paquistán se enfrentan tras su larga frontera.

Lo que ha cambiado esta vez, es que ambos lados ya son potencias nucleares, un hecho que por desgracia podría alterar en forma radical el resultado de la confrontación comparada con las del último medio siglo.

Por esto el hedor de guerra apesta tanto y está permeando por todo el mundo.

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