Internacional

Elecciones 2020 EUA: Panteras Negras vs. Tigres Blancos

A partir de esta semana, Protocolo, Foreign Affairs & Lifestyle ofrecerá a sus lectores una columna informativa sobre las campañas electorales en EEUU

Jeanette Becerra Acosta

El próximo 3 de noviembre, Estados Unidos decidirá si le brinda una segunda oportunidad a Donald Trump como huésped de la Casa Blanca durante cuatro años más, o si cambia de guardia y elige al demócrata Joseph Biden, un experimentado político, mesurado y atractivo orador para un electorado enajenado por la pandemia que ha cobrado cientos de miles de vidas; una economía que se hunde en un barranco sin fondo, pero sobre todo harto del violento y despiadado racismo contra los afroamericanos y de más de un 35 por ciento de las minorías en esa nación.

A partir de esta semana, Protocolo, Foreign Affairs & Lifestyle ofrecerá a sus lectores una columna informativa sobre las campañas electorales en EEUU, tanto la presidencial como la de la totalidad del Congreso y 33 escaños en la Cámara de Senadores. De salir victorioso y ganar el Partido Demócrata la mayoría en el Senado —ya la tienen en la Casa de Representantes—, EEUU cambiaría de rostro y de rumbo.

Daremos cuenta de las tendencias de los votantes, los asuntos que definirán los resultados, las encuestas y análisis de los hilos que se mueven tras los oscuros entretelones en Washington.

Las recientes manifestaciones multitudinarias a lo largo y ancho del país, a causa del cruel asesinato del afroamericano George Floyd, que murió ahogado luego que un policía blanco forzó todo el peso de su pierna sobre su cuello durante ocho minutos hasta que cesó de respirar, y días después en Atlanta, el joven de color de 27 años, Rayshard Brooks, caído tras recibir “dos disparos en la espalda” de un agente blanco, según el resultado de la autopsia oficial, intensificó la indignación nacional por la brutalidad policial en Estados Unidos.

Los millones de manifestantes que marcharon durante más de una semana en todo el país, a los que Trump calificó de “terroristas domésticos”, evocaron el movimiento de las Panteras Negras de la década de los sesenta, con el apoyo del doctor Martin Luther King, creadores de uno de los programas sociales de reivindicación de su raza que pesó en la vida pública estadounidense, aunque solo fuera como amenaza al statu quo. Una de sus lideresas, Angela Davis, con sus 76 años, aún sigue activa en California donde reside, y hoy también defiende los derechos de los trabajadores migrantes sin documentos.

Entonces, hubo muertos por arma de fuego y cientos de encarcelados. Sin embargo, las Panteras Negras aún son un símbolo para todos aquellos movimientos políticos y culturales que luchan en los guetos de las grandes ciudades europeas y del continente americano. Es en este orden de ideas y de la guerra que se libra hoy en el vecino país entre dos poderosos felinos: La Pantera Negra y el Tigre Blanco, este último en peligro de extinción —solo existen 300 ejemplares en todo el mundo—, que Protocolo, Foreign Affairs & Lifestyle concibió la cabeza que mejor describe los sucesos en el vecino país para bautizar esta columna.

Por un lado, el Tigre blanco, marcado por una condición genética que elimina el pigmento del tradicional pelaje anaranjado, nos remite a una nación que dejó de ser caucásica por excelencia, como Europa, donde la piel blanca ha sido sustituida por los tonos oscuros de sus crecientes migraciones, mientras que las Panteras negras siguen vigentes en las selvas en una eterna lucha contra su principal y más peligroso enemigo: el ser humano que lo caza por deporte y para el comercio de sus pieles.

No obstante las opiniones en favor de Donald Trump, lo cierto es que no tiene la elección en el bolsillo. Encuestas recientes muestran una caída del índice de aprobación del presidente por debajo de un 40 por ciento, así como una ventaja promedio de alrededor de diez puntos en la intención de voto a favor de Joe Biden respecto al republicano a escala nacional. “Entre la posibilidad de un empate y de una crisis de salud pública, dado el nivel de polarización extrema y un presidente poco dispuesto a aceptar la derrota, estamos ante un posible choque de trenes”, declaró el politólogo de la Universidad de Harvard y coautor del libro Cómo mueren las democracias, Steven Levitsky.

Algunos analistas observan que una diferencia contundente e indiscutible de un candidato en las urnas podría aliviar tensiones y disminuir el riesgo de una confrontación electoral a escala nacional. Por lo pronto, Biden alcanzó y sobrepasó el umbral de mil 991 delegados para garantizar la nominación de su partido. Un factor que seguramente contará a su favor, es si finalmente elige como compañera de fórmula para la vicepresidencia, a la senadora por California, Kamala Harris, una mujer de 57 años de edad, atractiva y popular. Es la segunda mujer afroamericana y la primera senadora sur asiática-americana de la historia. Está adscrita al Comité de Seguridad Nacional y Asuntos Gubernamentales, Comité Selecto de Inteligencia, Comité Judicial, y el Comité del Presupuesto del Senado de Estados Unidos.

Y si lo anterior fuera poco, Trump afronta una revuelta sin precedentes del cuerpo de élite de exlíderes militares y presidentes por su descarada respuesta a las protestas masivas y la inflamación de las divisiones raciales. Hace una semana, el exsecretario de Defensa James Mattis, un guerrero venerado por sus soldados, hizo un llamado público a sus compatriotas. “Deben unirse sin el presidente… Donald Trump es el primer presidente en mi vida que no trata de unir al pueblo estadounidense, ni siquiera pretende intentarlo”. Fue su primera declaración desde su renuncia en 2018 del gabinete del actual mandatario, por no estar de acuerdo con sus declaraciones racistas y sus métodos de gobernar.

“En cambio, trata de dividirnos. Estamos presenciando las consecuencias de tres años de este esfuerzo deliberado… Estamos ante las consecuencias de tres años sin un liderazgo maduro”, dijo el general retirado en un comunicado, criticando a Trump por amenazar con desplegar soldados en servicio activo para calmar los disturbios, en lo que calificó de una flagrante amenaza a la estabilidad política del país.

Casi enseguida, el actual secretario de Defensa, Mark Esper, marcó su raya del presidente, cuando aclaró que no estaba de acuerdo con la decisión del Ejecutivo de invocar la Ley de Insurrección para que las fuerzas armadas se sumen al control de las masas ante las protestas convocadas por la muerte de George Floyd.

En Washington esperan que Esper sea removido de su cargo.

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