Internacional

Elecciones en Estados Unidos 2020: Panteras Negras vs. Tigres Blancos

  • El móvil electoral detrás de la invitación a la Casa Blanca
  • De ganar Joe Biden, México y no Trump será el gran perdedor

Jeanette Becerra Acosta

El rechazo a la próxima reunión entre los presidentes López Obrador y Donald Trump en Washington —que no una “Visita de Estado”—, es prácticamente unánime. Tanto en México como en Estados Unidos, políticos, diplomáticos y analistas no logran descifrar los motivos reales detrás de este primer viaje al extranjero del mandatario mexicano desde que asumió el poder en 2018.

AMLO justifica su visita a Washington asegurando que se trata de hablar sobre la entrada en vigor del tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), un argumento por demás “banal” y “falso”, afirmó a Protocolo, Foreign Affairs&Lifestyle un viejo amigo, exanalista de la CIA en Asuntos EEUU-Latinoamérica durante más de 30 años. En su opinión, el encuentro tiene visos inequívocos de un “apoyo electorero” a favor de Trump, “que lo ha usado a su conveniencia desde el primer día…”

De igual manera opinaron el excanciller Bernardo Sepúlveda y el exembajador de México en Washington Arturo Sarukhán, que expresó que la visita del presidente AMLO a EEUU, “sería un error colosal, político, electoral, diplomático y estratégico a largo plazo”. Por su parte, en una carta que envió al actual secretario de la SRE, Marcelo Ebrard, escribió que no existe “un fundamento político que explique una visita de esta naturaleza”, por lo que solo puede haber “una motivación electoral detrás de la invitación extendida al presidente mexicano”.

A cuatro meses de la elección presidencial, Donald Trump parece encaminarse a una derrota, según casi todas las encuestas que dan a su oponente demócrata, Joe Biden, a quien por cierto no hay indicios que se reunirá con AMLO, márgenes de victoria que fluctúan entre 14 y 5 puntos. El New York Times publicó que en este momento, un 50 por ciento de los votantes están a favor del demócrata contra un 36 de Trump. Y en cuanto al sufragio hispano, Biden tiene en la bolsa a un 39 por ciento aproximadamente.

El exembajador de México Sarukhán coincidió con el exanalista de la CIA al declarar que “a Trump solamente le interesa usar al presidente mexicano como un accesorio de teatro a la luz de las elecciones”. Si la reunión se realiza por “presiones u obstinación”, recomendó que al encuentro también asista Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, para que se convierta en una cumbre trilateral norteamericana.

Sin embargo, a Donald Trump no le simpatiza el canadiense y al parecer a su huésped mexicano lo tiene sin cuidado si llega o no a la reunión. Prefiere hablar a solas con su “amigo” por el que no puede ocultar su muy personal e inexplicable empatía toda vez que son teóricamente opuestos en ideologías. Para el republicano, Justin Trudeau es persona non grata, relata John Bolton en su libro de memorias, The Room Where It Happened, y evoca la orden directa y contundente del republicano a su staff para que lo atacara en entrevistas de prensa y televisión.

En este contexto, la visita del presidente López Obrador a Washington, opinan tanto en México como en Estados Unidos, propiciará una mayor antipatía en el Partido Demócrata que no olvida que a instancias del “hombre fuerte” del expresidente Peña Nieto, Luis Videgaray, invitó a México a Trump durante su campaña electoral y lo recibió casi como jefe de Estado, ignorando a la candidata demócrata Hillary Clinton que entonces se perfilaba como segura ganadora.

De ganar Joe Biden la presidencia, predicen, México debe prepararse a ser tratado con suspicacia y reticencia y la relación bilateral se tornará tan difícil como “caminar por una vereda empedrada sin zapatos”, en lo que respecta a un Congreso Demócrata. Y lo peor, es que México y no Trump, será el principal perdedor, auguran expertos en la relación bilateral.

Aunque la elección presidencial que avala un colegio electoral y no el voto popular se decide un mes antes de que se lleve a cabo, pues siempre el candidato más débil o el presidente en turno que busca ser reelecto al que llaman “pato cojo” o lame duck, trae una o más cartas bajo la manga, lo cierto es que en este momento, Trump está por debajo de Biden en la intención de votos.

Su popularidad se reduce en gran medida a un electorado blanco ultraconservador en estados del medio oeste, muy cristianos y de tendencias derechistas y xenófobas o WASP: White Anglo Saxon Protestant. “Estamos aquí hoy para declarar que nunca cederemos ante la izquierda y la intolerancia de la izquierda”, dijo el presidente durante un rally para jóvenes estudiantes en Phoenix, Arizona, la semana pasada.

Como candidato hace cuatro años, Trump dijo que los mexicanos que cruzan la frontera llevaron drogas, delincuencia y “tremendas enfermedades infecciosas” a Estados Unidos y luego de asumir el cargo, continuó prometiendo construir un muro fronterizo y obligar a México a que lo pagara. A lo largo de su mandato, no ha perdido oportunidad para denostar a nuestro país y a los mexicanos, y su política migratoria, especialmente contra los latinoamericanos, es de terror, marginación, detención ilegal de más de 15 mil menores de edad, hostigamiento y crueldad.

Al otro lado del muro, muchos se preguntan si tras esta persecución y constantes insultos a los mexicanos ¿cómo es posible que el presidente de México lo tenga en tan alta estima? Nunca antes ningún mandatario estadounidense había insultado de esa manera a nuestro país y a su pueblo, al menos no públicamente y de manera tan vil, racista y humillante.

Pero este mes, Trump llamó a López Obrador “un muy buen amigo” y elogió su “tremenda inteligencia”. Su homólogo mexicano, visiblemente conmovido, confesó que Trump le había hablado con mucho “cariño” y describió su relación como una de “amistad”, a lo que sus detractores llaman “sumisión”. México se ha prestado a todas las peticiones de Washington, una de las peores, ser el país receptor de miles de centroamericanos que se lanzaron hacia el norte para ingresar en la vecina nación y terminaron quedándose en México, muchos con trabajo, sueldos y prebendas que les son negadas a los mexicanos de escasos o nulos recursos.

Y así, con “mucho cariño”, Donald, el “pato cojo”, exclamó ante los jóvenes en Arizona que los izquierdistas que ingresan a su país, “odian nuestra historia, nuestros valores y todo lo que valoramos como estadounidenses. Nuestro país —agregó— no creció muy bien con ellos sino con ustedes ciudadanos y su proceso de pensamiento e ideología. La mafia de izquierda está tratando de demoler nuestra herencia, para poder reemplazarla con un nuevo régimen opresivo que solo ellos controlan”.

Se refirió a una promesa cumplida para evitar el ingreso de más izquierdistas latinoamericanos, la finalización de unas 220 millas de lo que llamó un “nuevo y poderoso muro” en la frontera. “Es la estructura de muro fronterizo más potente y completa en cualquier parte del mundo.”

El despertar del “gigante dormido”, el voto hispano, que será el grupo votante no blanco más grande en 2020, está dispuesto a favorecer al candidato, en este caso Biden, que derrote a Donald Trump, al que consideran una amenaza por su retórica antinmigrante. Y hoy, con la misma retórica electoral, piensa que si hace cuatro años fue electo por este tema, actualmente no podrá hacerlo de nuevo y necesita el apoyo y la ayuda “carismática” de su homólogo mexicano.

Quizá no sabe que la popularidad de su gran amigo también ha decaído significativamente en México y por ende los parientes mexicanos que viven del otro lado del muro, no lo ven con buenos ojos. El pasado fin de semana, la organización FRENA se encargó de sacar a las calles en ocho ciudades en EEUU y en Toronto, Canadá, a decenas de mexicanos que con pancartas y ondeando banderas mexicanas se manifestaron en repudio a la presencia de AMLO en Washington. “Vete, no te queremos…”

El contenido de los artículos refleja única y exclusivamente la opinión del autor y no necesariamente el punto de vista de los editores.

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