México

Retos de la Nueva Escuela Mexicana

Debe convertirse la escuela en el agente principal del cambio, como premisa de una cultura educativa para la justicia social: Unesco

Revista Protocolo

Ciudad de México, 8 de octubre de 2019.— En el marco del Seminario Internacional sobre Equidad y Justicia en la Nueva Escuela Mexicana, organizado por la Secretaría de Educación Pública (SEP) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el coordinador general del Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación (LLECE) de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), Javier Murillo, aseguró que, para poder crear una cultura educativa para la justicia social, será necesario adecuar el sistema educativo para que las escuelas se conviertan en comunidades profesionales de aprendizaje.

Estas, añadió, deben desarrollar procesos de enseñanza y aprendizaje justos, trabajo conjunto con la familia y la comunidad, reconocimiento y valoración de las diferencias e impulso a la democracia y la participación.

Por lo anterior, el secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán, afirmó que la Nueva Escuela Mexicana se construirá día a día con la participación de las maestras, maestros, alumnos, padres y madres de familia, así como por la sociedad en general; es decir, con el trabajo hombro con hombro de todos.

Agregó que la escuela hoy debe informar y formar, ya que se necesita educar mexicanas y mexicanos con base en valores, lo que se ha convertido en una necesidad de la sociedad mexicana, la cual también exige la corresponsabilidad de madres y padres de familia en la educación de sus hijos.

En su intervención, Javier Murillo advirtió que la equidad no es suficiente y es necesario trabajar, además, por la justicia social, para lo cual la participación es el elemento indispensable. Y las escuelas, subrayó, dentro del sistema educativo son los sitios clave para trabajar en pro de la justicia social.

En su ponencia “La escuela como espacio de construcción de equidad y justicia” habló sobre la forma en que la educación suele convertirse en reproductora de injusticias y legitimadora de desigualdades, cuando debiera ser un medio para el cambio social.

Por ello, expuso, la premisa es: si la escuela no se plantea explícitamente la consecución de una sociedad más justa, contribuirá a la reproducción de las injusticias sociales y aclaró que no todas las escuelas son iguales ni se comportan igual; algunas contribuyen en mayor medida a la reproducción de las desigualdades, en tanto que otras impulsan la transformación social.

De ahí que, añadió, la justicia implica la promoción del acceso y la equidad para asegurar la plena participación en la vida social, especialmente de aquellos que han sido sistemáticamente excluidos sobre la base de su etnia, edad, género, habilidad física o mental, educación, orientación sexual, situación socioeconómica u otras características del grupo de pertenencia, adujo Murillo.

Y si la participación es asumida como la más elevada justicia de carácter político, entonces, la educación debe ser entendida como un resorte para la justicia social, “desde la justicia social y en la justicia social”.

Expresó que las escuelas deben llevar esa premisa al eje mismo de su transformación tanto en currículum como en organización y cultura escolar.

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