Opinión de:

Entre Nuncios y Cancilleres

El Vaticano opina

Por Rodrigo Vázquez Ortega*
Correo electrónico: rovazquez@yahoo.com

Entre Nuncios y CancilleresLa carta privada —hoy pública— que el Papa Francisco escribió recientemente, en la cual exhorta a un legislador amigo suyo a que desde las instancias del gobierno los argentinos eviten caer en la “mexicanización” de su país, confirma que las voces sancionadoras de los países se han ampliado en número, procedencia y relevancia. En consecuencia, el sentido de dichas calificaciones es un termómetro fehaciente de la imagen que el país actualmente emite hacia el extranjero; todavía más, tratándose de una voz con autoridad moral como la del Pontífice.

Ya es noticia que el Vaticano ha tratado de minimizar el efecto de la declaración al subrayar que el líder religioso no tuvo la intención de ofender a los mexicanos ni ignorar su pleno compromiso con el combate al cáncer del narcotráfico. Sin embargo, el sentido de su opinión ya tuvo un efecto importante en la consciencia colectiva internacional.

No sirve abundar sobre el significado de la citada “mexicanización” ni tampoco analizar si la opinión del Papa está justificada o no en los hechos. No debería interesar a la diplomacia mexicana cuestionar la veracidad de los dictámenes provenientes del exterior sino trabajar, al final de cuentas, en que se den conforme a una óptica atractiva a los ojos del extranjero. Por ende, ¿cuál es el mejor instrumento para mejorar la “fachada” de nuestro país?

Hay coincidencia entre los expertos en que el resurgimiento del “Mexican moment” tiene que pasar por dos vías. Una corresponde a las acciones domésticas que acompañen el despegue que México ya ha iniciado por medio de sus reformas estructurales. La otra es la estrategia de diplomacia pública, misma en la que deberá seguir trabajando la cancillería mexicana y nuestros cuadros diplomáticos. Implica trabajar en mejorar la percepción que se tiene en el extranjero sobre las condiciones del país para hacer de México un ejemplo digno de seguir entre la comunidad de naciones.

El británico Nicholas J. Cull, un teórico académico que es experto en el manejo del tema, señala, palabras más palabras menos, que la “nueva diplomacia pública” tiene que ver con el hecho de que las tecnologías de nuestra era (como las redes sociales virtuales) y la existencia de actores internacionales “no tradicionales” definen actualmente gran parte de las circunstancias en las que los representantes de un actor internacional entran en contacto y gestionan sus relaciones con la población de otro, con capacidad de influir en la conformación de la “marca país”.

Lo que ha cambiado, según Cull, es que el contacto con los líderes de opinión en el extranjero es cada vez más desafiante y requiere de acompañarse de más recursos para ser efectivo. Entonces, el marco guía de toda estrategia de diplomacia pública tiene que ver con promover y reformar la imagen o “marca país” por medio de los instrumentos de “poder blando.”

Aceptando esta premisa, es claro que una postura reactiva y defensiva para afrontar asuntos como el que ocupa al Vaticano y a nuestro país en estos días, sin duda no es la que mejores resultados tendrá en el mediano y largo plazos. Esto es porque el Papa, en su calidad moral y política, no busca protagonizar una campaña para debilitar la legitimidad del gobierno mexicano ni mucho menos debilitarlo en su combate a la delincuencia organizada transnacional.

En coincidencia con Cull, la diplomacia mexicana deberá apostar a que su estrategia de comunicación con el exterior apueste a fortalecer la efectividad del contacto individual, persona a persona, a fin de hacer llegar de manera clara y concisa la imagen o la “marca país” deseada. Por ende, nuestra cancillería deberá apostar por robustecer su capacidad de prevención a través de los instrumentos de persuasión, negociación y diálogo que tiene la diplomacia pública y la capacidad de nuestra historia, cultura y prestigio en materia de política exterior para revigorizar la imagen del país.

La diplomacia pública y el aval del excelente prestigio de la política exterior mexicana juegan a favor del gobierno para que la opinión internacional corrobore el compromiso corresponsable que despliega nuestro país en el combate a la delincuencia organizada. Si bien no es tarea sencilla y además necesita de recursos para operarse efectivamente, esta estrategia representa la mejor para minimizar el impacto negativo que fenómenos transnacionales, como el narcotráfico, tienen en la vida nacional y en la imagen ofrecida ante los ojos del extranjero.

Para el caso concreto de la bilateralidad con la Santa Sede, es necesario recordar que los buenos términos entre ambas partes se confirmaron en las recientes visitas de Estado y de trabajo. Así sucedió el 7 de junio pasado cuando el presidente Peña Nieto formuló oficialmente la invitación al Papa para visitar nuestro país en fecha próxima. Los seguimientos a los intercambios entre ambos jefes de Estado se dieron en la visita de trabajo a nuestro país del cardenal y secretario de Estado, Pietro Parolin, así como la del secretario Meade a Roma en época pre-navideña.

Pero a dichos actos oficiales deben acompañarle efectivas labores de diplomacia pública, ceñidas a capitalizar las ventajas que ofrece un canal de interlocución institucionalizada. Dado el entendimiento respetuoso que gozan México y la Santa Sede en perseguir objetivos comunes y favorecer la gobernabilidad mundial y en México, nuestros cuadros diplomáticos están obligados a tener claro que, pese a la carta de Francisco, hay que reconocerle su apoyo en el enfoque que nuestro país sigue en el combate al narcotráfico.

El acercamiento oficial al Vaticano está hoy, más que nunca, necesitado de trascender a pautas más sistemáticas que nutran las visitas oficiales y que permitan exponer directamente el claro compromiso de México con el Estado de derecho, el desarrollo del país y el bienestar de la humanidad. La manera de abordar esta nueva proximidad, bajo la citada estrategia, conllevaría un gran activo de la diplomacia nacional dadas las convergencias bilaterales y la colaboración que hoy disfruta el Estado mexicano con la Santa Sede en los foros multilaterales y en temáticas tan importantes como diversas, entre ellas la situación de los migrantes, la defensa de los derechos humanos, la reforma de las Naciones Unidas, la definición de la agenda de desarrollo post-2015, así como los esfuerzos por la paz y el desarme.

En otras palabras, el ánimo por profundizar los intercambios bilaterales abonará a plantear soluciones a los desafíos de la globalización y los retos de nuestro contexto nacional. La departamentalización de los temas en la relación y en foros multilaterales, además de las bondades de la diplomacia pública, vislumbran opciones para que la advertencia del Pontífice no contamine otros asuntos sustantivos y de interés para ambas partes.

Esto último adquiere incluso mayor importancia a la luz de la necesidad de reiterar y resaltar la aceptación del Papa Francisco para visitar México en un futuro próximo. Todo indica que ya está confirmada su presencia en el Encuentro Mundial de las Familias para finales de septiembre, en Filadelfia, y que el líder religioso tiene interés en visitar nuestro país, pudiendo ser una localidad fronteriza su lugar preferido para hacerlo. De darse dicho viaje intercontinental, representaría un hecho simbólico al constar, por primera vez, la presencia de un papa latinoamericano en visita oficial a nuestro país y confirmaría el diagnóstico de una buena sintonía en la relación apuntando a un futuro promisorio entre nuncios y cancilleres.

Todo ello permitirá reiterar el apoyo de la Santa Sede a los esfuerzos de México y complementará, sustantivamente, en la conformación de una “marca país” de México más positiva y atractiva a los ojos del mundo.

* RODRIGO VÁZQUEZ ORTEGA es internacionalista por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) de la que recibió la Medalla Gabino Barreda al Mérito Universitario. Asimismo, cuenta con estudios universitarios en la Universidad de California, San Diego (UCSD), con especialización en Ideologías Políticas Modernas, Relaciones Estados Unidos-América Latina y Política Exterior de seguridad de Estados Unidos. Desde 2013 es miembro del Servicio Profesional de Carrera en la Administración Pública Federal como subdirector de Relaciones Internacionales en la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría de Gobernación. Anteriormente, fue responsable por más de tres años del Departamento de Política Interna de Estados Unidos en la Dirección General para América del Norte de la Secretaría de Relaciones Exteriores. También cuenta con experiencia profesional en asesoría en Derecho Internacional y campañas políticas. Entre sus áreas de interés, además del tema migratorio, destacan el análisis de las fórmulas del nuevo multilateralismo (vgr. MIKTA, BRICS), la relación bilateral de México con Brasil y el papel de la diplomacia mexicana frente al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Revista Protocolo

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