Personajes

Aúllan los coyotes al cielo

Dejando un legado de importantes esculturas, el artista Gabriel Ponzanelli falleció ayer, martes 16 de julio

Texto: Luis Felipe Hernández Beltrán

Si alguien le dio vida a Coyoacán, fue sin duda Gabriel Ponzanelli.

No hay un solo rincón de la cultural alcaldía capitalina en el que no haya un legado artístico del escultor mexicano.

Y para muestra las efigies de bronce de Frida Kahlo en el parque que lleva el nombre de la afamada pintora o la de Jesús Reyes Heroles en la casa de cultura que honra el legado del político mexicano.

Lo mismo la avenida Miguel Ángel de Quevedo, que independientemente de los jardines que lucen en su camellón, se engalana con obras de arte escultóricas como El despertar, La bañista, La madre y La mestiza.

Pero esas, son solo algunas de las tantas que hay a lo largo de México y otras partes del mundo que dan fe del arte del escultor mexicano que durante más de 60 años trabajó arduamente con bronce y cinceles para darle identidad a las urbes del mundo, siendo la principal su natal Ciudad de México.

Gabriel Ponzanelli Quintero, el mayor de una familia de artistas dedicados ya sea a la escultura o a la pintura, también formó en 2001 la fundación que lleva su nombre cuya misión fue la creación, promoción y difusión de las bellas artes y todas las actividades que tienden a desarrollar y enaltecer a las personas.

Ayer, martes 16 de julio, a través de la red social Facebook, la pintora Marcela Ponzanelli anunció el fallecimiento de su familiar: “a las 6.20 a.m. se nos adelantó mi muy amado hermano el escultor Gabriel Ponzanelli. Más tarde les informo donde será velado”.

Y así, una conocida agencia funeraria albergó el cuerpo del artífice, mientras el mundo alberga el legado de un sinnúmero de esculturas que plasman una firma de mucho valor para el arte mexicano y universal: Ponzanelli.

Descanse en paz.

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