Personajes

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“No confundamos políticas públicas con derechos humanos”: Lía Nereida García, activista trans

(Segunda de cuatro partes)

Entrevista: Luis Felipe Hernández Beltrán
Fotografías: Facebook de Lía García
Para leer la primera parte, dar clic en el siguiente link: http://www.protocolo.com.mx/personajes/quieres-conocer-a-lia-nereida/

En esta segunda parte, la artista, pedagoga y activista trans Lía Nereida García nos comparte su trabajo performático en pro de la comunidad trans y su postura sobre las políticas públicas hacia la colectividad LGBTTTI+.

—En tu caso, ¿has llegado a recibir amenazas o te han llegado a amedrentar por tu orientación sexual?
—Fíjate que no, yo soy una persona que he hecho un trabajo espiritual y energético conmigo misma, de muchos años, y eso a mí me ha permitido sobrevivir, yo creo que en esta ciudad vivir como mujer, vivir como mujer trans o vivir como persona de la disidencia, que no son las mismas cosas, es un ejercicio de sobrevivencia constante, porque todos los días tenemos que negociar con el espacio público para sobrevivir, para mantenernos vivas y ojo, eh, el feminicidio y el transfeminicido no es ni el fin ni el principio, o sea, esto inicia desde el momento que nos visibilizan en la historia, inicia desde el momento en que nos quitan la posibilidad de soñar, de imaginar, de construir redes y por eso es ahí de donde quiero hablar de la importancia que ha tenido mi trabajo artístico.
Como artista de performance, que ha sido un trabajo de ya casi diez años, se ha ido tejiendo a partir de mi historia personal, entonces, obviamente el arte ha sido mi propia sobrevivencia, porque para mí ha sido un trabajo afectivo en el cual lo que he querido hacer ha sido acercarme a la sociedad por medio de una estrategia política, afectiva, que invite a las personas a conocer este tema de quiénes somos las personas trans, existimos las personas trans, porque tienen que salir de ese círculo de la violencia y que nosotras somos un ente artístico de transformación.
—Podríamos decir que es un performance que lo haces cada hora, cada minuto y cada segundo, ¿no?
—Sí, y te lo pongo muy claro, porque yo a veces en el espacio público tengo que negociar con la energía de los hombres o de las mujeres, o tengo qué negociar con los espacios arquitectónicos, y es ahí donde la performance es el puente.
No te estoy hablando de un performance de galería ni de museo, te estoy hablando de una performance política, que como dice Julia Antivilo, tiene una estética política y que obviamente, está en el plano de lo real, porque la performance es la vida misma del artista, es el momento en el que tu vida cotidiana dialoga con una propuesta que haces para cierto espacio pero que también ahí está tu vida cotidiana y cómo también la performance la tenemos que pensar como una estrategia de sobrevivencia, y esto también es algo que te estoy compartiendo y que no he declarado en ninguna entrevista, porque lo estoy trabajando apenas de cómo para mí la performance es una estrategia de sobrevivencia porque el hecho de que yo como persona trans vaya a los espacios públicos como son las secundarias, el metro de la Ciudad de México, la Alameda y todos los espacios donde yo he estado, no es porque yo quiera ir y presentarme, es porque yo quiero ir y abrir otros espacios seguros para otras personas trans. ¿Cómo aparece el cuerpo trans en la performance? Yo no voy a una escuela secundaria, que es el proyecto reciente en el que estoy, yo voy a las escuelas secundarias a explicar el tema trans y de la diversidad sexual pero no de manera conceptual, que diga: “ser travesti es una cosa, ser transgénero es otra cosa, ser transexual es otra cosa y miren los derechos humanos de la comunidad LGBTTTI+ son estos…”


Yo primero tengo que hacer contacto con las personas de manera afectiva, para que después podamos pasar al momento conceptual, pero primero tengo que aparecer en los espacios donde he sido rechazada con mi cuerpo, por eso para mí es importante acercarme primero a las personas de manera energética y corporal que sientan que estoy en ese espacio con muchos deseos de compartirles mi vida, aprender con ellas, compartirles conocimientos primero con el cuerpo, que haya una conexión energética, empática, alegre y tierna y luego podemos hablar de conceptos, pero si no conectamos primero con el cuerpo, ¿cómo vamos a hablar de los conceptos?
A mí no me funciona llegar y hablar de conceptos y dormir a la gente y aburrirla porque es lo que pasa en la mayoría de los talleres de género, de derechos humanos, de política pública, porque la gente se duerme. Lo que la gente necesita es movimiento, necesita recuperar el cuerpo, que este cuerpo que está en transformación, que ha cambiado de género, de sexo, de afectos, incluso, aparezca y se comparta con la gente y que toque a la gente, y no me refiero a que la toque con las manos, sino que, un tacto que trascienda el plano de lo racional, una conexión. Porque eso es lo que pasa, por eso nos violentan, porque la gente no quiere conectar con nuestras historias, no se quieren encontrar con nuestras historias de transición y entonces ese ha sido el trabajo de mi performance político, como aparecer en los espacios públicos.
Es más, algo que no me cansaría de decir es que no es aparecer, es reaparecer, porque las personas trans hemos estado en la historia del arte, de la política y de la educación; que se nos haya invisibilizado, es otra cosa, pero hemos estado siempre, desde la lucha emancipadora por los derechos de las mujeres en el feminismo, la lucha por la disidencia sexual desde el movimiento lésbico-gay que es el que ha tenido más protagonismo también, ha estado muy presente y ahora es tiempo de que las personas trans, travesti, transexuales, de género fluido, intersexuales, de dos espíritus, porque, el espectro trans es muy amplio que no solo lo podemos reducir a tres identidades: travesti, transgénero, transexual, porque hay más.
¡Es nuestro momento de reaparecer en la historia! Que en mi caso, yo lo estoy haciendo desde la historia del arte, al buscar que las personas trans tengamos un lugar en el arte, en la educación, en la pedagogía y que podamos hablar también de prácticas artísticas trans y feministas, ¿no?
—Con tantas políticas públicas que se han abierto hacia la comunidad LGBTTTI+, ¿qué tantos beneficios han traído?
—Una de las cosas más recientes que ha ocurrido en la CDMX sobre el movimiento trans ha sido la aprobación hacia el reconocimiento de nuestra identidad, que yo la traduciría más como la ley de identidad de género o la despatologización de la identidad trans, que es lo que a mí me funciona más. ¿De qué se trata esto? El 5 de febrero de 2015, en la gaceta del Diario Oficial de la Federación, salió publicado que se reformaba el artículo 135 bis en el cual se decía que para realizar un levantamiento de acta de nacimiento para el reconocimiento de la identidad de género, las personas que lo quisieran hacer, únicamente iban a necesitar ir a las oficinas del Registro Civil, hacer este levantamiento por medio de un trámite administrativo, y no hacer ninguna comprobación médica, psiquiátrica, psicológica o judicial.
Yo que te quiero decir con esto, que esa política pública es muy radical, yo ni siquiera la veo como política pública, es volver a lo mismo, si lo vamos a nombrar, lo tenemos que nombrar como es: el derecho humano al reconocimiento a la identidad, no confundamos algunas políticas públicas con derechos humanos, o sea, ¡hablemos de los que son! Y esto es la despatologización trans, es el reconocimiento de nuestra identidad y es el derecho humano a la identidad propia.
Entonces en el periodo 2006-2015, en la CDMX sí se podía hacer un cambio legal de nombre y género pero se tenía que hacer por un juicio, entonces había que hacer una demanda a un juez de lo familiar del Registro Civil y ese juez lo que hacía, abría un expediente para que tú, por medio de peritajes médicos, psiquiátricos, psicológicos y órdenes judiciales que implicaban testigos e investigaciones de trabajo social decidiera al final si era viable este cambio de reconocimiento a la identidad. Esto implicaba mucho dinero, desgaste emocional, una patologización porque tú tenías que ir con el psiquiatra y este te dijera que tu tenías disforia de género, que ya estabas en terapia, que estabas segura de lo que querías hacer; o sea, era una violación a nuestros derechos humanos, realmente.
Entonces, en el 2015, con la reforma al artículo 135 bis en el gobierno del entonces jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, esto se rompe y entra en vigor un nuevo mecanismo que es la vía administrativa que es la que tenemos ahora: yo puedo ir al Registro Civil y pedir el levantamiento de mi nueva acta y esto se hace únicamente por un trámite administrativo y ya no tengo que comprobar de ninguna manera que estoy enferma o que estoy en terapia o llevar testigos que digan que “yo soy Juanita Pérez”, ya el Estado mexicano tiene la obligación de conocer la identidad de las personas trans y esto se ha extendido. Queremos que se extienda a los 31 estados que restan, pero actualmente podemos hablar de Nayarit, Michoacán y Colima donde ya se ha expandido esta ley de identidad y ojalá y que siga creciendo.
La comunidad trans o el movimiento trans o como cada quien lo quiera ver, porque no sabemos si es comunidad, movimiento, encuentro o desencuentro, la colectividad trans hemos logrado muchas cosas, como el estar en una ciudad que es declarada como segura para nuestra comunidad pues también es otro logro.
El hecho de estar todo el tiempo luchando por nuestros derechos médicos, laborales. Ahorita se está produciendo mucha iniciativa de ley para que las personas tengamos espacios más abiertos en cuanto a lo laboral, que exista trabajo para las personas trans porque no hay trabajo. Son logros que el movimiento trans ha logrado y no solas, lo hemos hecho con las comunidades gay, feministas, lésbicas, de personas de la diversidad funcional. Ha sido una lucha colectiva, protagonizada por las personas trans, pero que también hay muchos otros involucrados.
Ahora quiero también decir que avances en la política pública no garantizan un cambio en lo cultural y eso lo tenemos que tener muy presente, el hecho de que existan tantas políticas públicas que de alguna manera posicionan a la CDMX como una ciudad de vanguardia, muy radicalizada en el tema de los derechos humanos para la comunidad LGBT+, no implica que haya un cambio en lo cultural porque las cifras de personas desaparecidas y asesinadas de la comunidad trans sigue creciendo. Yo sigo impresionada de cómo aumentan esas cifras, y ahí me doy cuenta de cómo las políticas públicas no es que no sirvan de nada, pues tienen algo de transformador, pero en la realidad, en el tejido social y cultural, nos siguen matando, desapareciendo y violentando; entonces me pregunto, ¿cuáles han sido los puentes que se tejen entre esos avances a nivel político y el día a día que vivimos las personas en los espacios? Y ahí es donde entra mi trabajo artístico. Porque para mí la performance es ese puente que yo puedo construir entre lo institucional y lo real, que es lo que vivimos al día a día.
Y si, ¡qué bueno que hay ley de identidad de género, qué hay ciudad amigable, qué bueno que hay tanta política antiacoso para las mujeres, qué bueno, lo celebro! Pero en el día a día siguen pasando cosas brutales, a las que nos tenemos que enfrentar y que esa política pública no nos va a salvar; entonces, ¿cuál es la estrategia ahí? Es la experiencia de vida de las personas la que sigue dando cuenta que a todos estos avances a nivel político les falta aterrizar a lo social, a lo real, a lo cultural y ahí es donde entra el arte y es maravilloso, porque es ese puente a partir del cual tú puedes cruzar de un supuesto político que te dice: “¡ya, todo está bien, no te preocupes, ya hay leyes, ya hay reformas!”. Pero tú dices: “yo cruzo a lo social por medio de una propuesta artística, política, educativa, lúdica”, ¿para qué?, para que a la gente que está en el día a día que no tiene esa información, le llegue de otras formas, y así podamos propiciar lo que tanto buscamos que es el respeto, la inclusión, aunque yo tengo claro que lo que necesitamos las personas de la diversidad no es la inclusión, porque incluidas ya estamos, somos parte del mundo, existimos y el mundo es nuestro. ¡Eso es lo que necesitamos, que nos miren las personas, que existimos y que también el mundo es nuestro! ¡Necesitamos más que la tolerancia, que la gente nos mire, que no es lo mismo que vernos!
(Tercera parte: viernes 19 de julio de 2019)

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