Así luce actualmente la entrada de la hacienda San Juan Chinameca en Cuautla, Morelos, con una estatua de Emiliano Zapata
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Zapata, ¿murió?

Hoy, miércoles 10 de abril, México conmemora 100 años del asesinato del Caudillo del Sur

Texto: Luis Felipe Hernández Beltrán

Un día como hoy, hace 100 años, por medio de una carta, Emiliano Zapata Salazar fue invitado a reunirse con el general Jesús María Guajardo Martínez, exintegrante del Ejército Constitucionalista, para reiterarle una supuesta lealtad y anunciarle que se sumaría a las filas del Ejército Libertador del Sur, así como para obsequiarle armamento.

El lugar del acuerdo fue la hacienda de San Juan Chinameca, en el entonces municipio de Ayala, actualmente Cuautla, en el estado de Morelos.

El recinto fue una de las tantas haciendas morelenses elegidas por el Caudillo del Sur para que a los peones que laboraban allí se les cumplieran los puntos establecidos en el Plan de Ayala, firmado el 28 de noviembre de 1911, y con ello, restituirle las tierras a los campesinos y así lograr la reforma agraria.

Para ello, Zapata instruyó a Guajardo Martínez para ponerse a la orden de los trabajadores y detectar aquellos abusos de los patrones.

El reloj marcaba las 14:20 horas cuando Zapata, acompañado por una escolta de diez hombres, llegó a la hacienda Chinameca montado en el caballo alazán “As de Oros”, que un día antes el mismo general Guajardo le obsequió tras haber sostenido un breve encuentro en el municipio de Tepalcingo, Morelos.

Al percatarse de la llegada de Emiliano y su comitiva, dos hombres subordinados de Jesús María Guajardo, los invitan a pasar para, supuestamente, beber unas cervezas, a lo que Zapata agradeció el detalle pero dijo que él no bebía alcohol, pero, humilde como lo describen sus estudiosos, aceptó el comer y platicar de las estrategias que habrían de seguirse, y las cervezas “pa sus hombres, que están sedientos del viaje”, dijo.

A la entrada de la hacienda, hombres uniformados recibieron con posturas militares de respeto al caudillo. Cuentan historiadores que el mismo Zapata quedó sorprendido por el recibimiento, pues no daba crédito a los honores que se realizaban, y más aún, que no le gustaban las formalidades ni todo lo relacionado que aparentara ser de ricos.

Una vez entrado el último hombre zapatista, la puerta se cerró y se escuchó el sonar de un clarín hasta en tres ocasiones. Ese sonido meloso no fue otra cosa sino la señal de disparar a quemarropa hasta que se constatara la muerte del Emiliano Zapata. La emboscada planeada por Guajardo Ramírez, celebrada horas después que se corrió la noticia por el entonces presidente Venustiano Carranza Garza, había sido todo un éxito.

Así lo relató Salvador Reyes Avilés, hombre de confianza de Emiliano Zapata y quien sobrevivió a la emboscada, ya que fue el último en entrar, en un parte oficial que le escribió al Ejército Libertador:

“Vamos a ver al coronel, que vengan nada más diez hombres conmigo ordenó. Y montando su caballo, un alazán que le obsequiara Guajardo el día anterior, se dirigió a la puerta de la casa de la hacienda. Le seguimos diez, tal como él lo ordenara, quedando el resto de la gente, muy confiada, sombreándose debajo de los árboles y con las carabinas enfundadas. La guardia uniformada, parecía preparada a hacerle los honores. El clarín tocó tres veces la llamada de honor, y al apagarse la última nota, al llegar el general en jefe al dintel de la puerta, de la manera más alevosa, más cobarde, más villana, a quemarropa, sin dar tiempo para empuñar ni las pistolas, los soldados que presentaban las armas, descargaron dos veces los fusiles, y nuestro inolvidable general Zapata cayó para no levantarse más.”

El cuerpo de Zapata fue llevado y exhibido hasta las afueras del ayuntamiento de Cuautla para que el propio pueblo se cerciorara que el Caudillo del Sur había muerto.

A partir de ahí, Emiliano Zapata Salazar, el hombre, pasó a convertirse en leyenda y símbolo de los pobres, cuyo legado perdura hasta nuestros días.

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