Salud

COVID-19: no es la primera ni será la última pandemia

No se puede discutir con la historia que en general hay repetición de comportamiento en cuanto a las pandemias

Silvia Gómez y Stephen Murray Kiernan*

Ciudad de México, 20 de mayo de 2020.— Es importante recordar lo que pasó hace un siglo y tal vez podamos aprender algo…

Este es el precedente reciente más semejante. La influenza “española” efectivamente duró 13 meses, desde finales de la primavera de 1918 hasta principios del verano de 1919. Fue una pandemia global tan rápida, porque regresaron soldados “sanos” y otros heridos a Inglaterra, EEUU, Alemania, etcétera, en muchos casos después de varias semanas en campamentos, hospitales llenos, en trenes llenos y más. Hubo tres oleadas, la segunda, que empezó en el otoño de 1918, fue la más fuerte.

En el contexto de tantos muertos y heridos por las batallas de la Primera Guerra Mundial, la escala de la pandemia no fue tan obvia. Mató principalmente a los adultos jóvenes, menos a los niños y abuelos. Obviamente, no sabían tanto sobre la necesidad de mantener distancia, pero sí lo practicaron. Y claro, no sabían mucho sobre el desarrollo de vacunas. El virus eventualmente se volvió más débil y casi desapareció durante la segunda mitad del año 1919, de forma natural.

Por cierto, infectó a 25 por ciento de la población global (c. 500 millones) y se murieron muchos millones de neumonía bacterial principalmente. Por ejemplo, entre 500 mil y 800 mil solo en Estados Unidos.

Existe otro dato, por cierto: en 2018 hicieron una aproximación de cuántas personas morirían de la influenza española hoy en día en EEUU, habría al menos 180 mil defunciones.

El temor profundizado por mensajes basados en suposiciones o interpretaciones alejadas de la realidad, nos ha hecho olvidar el hecho de que la humanidad se encuentra en mucho mejores condiciones para enfrentar una pandemia que en las crisis similares anteriores. Los avances de la ciencia, así como las posibilidades que tienen los medios de comunicación disponibles ofrecen mayores herramientas para enfrentar la enfermedad.

Sin embargo, como seres humanos, reaccionamos ante el que parece un inminente riesgo para nuestra vida y dejamos de ver los hechos tal como son para validar aquellos que nos dan la sensación de control o seguridad. De ahí que muchas personas hayan optado por la indiscriminada emisión de información sin fundamentos, que pretende hacer sentir a quien la recibe que sabe más que otros y con esto puede conocer qué hacer frente a los riesgos de la enfermedad.

La realidad permanece como la fuente de toda referencia para tomar decisiones frente a la crisis; la realidad histórica aún más. Hay experiencias que señalan inequívocamente que esta no es la primera ni será la última pandemia de este tipo y, como antes sucedió, esta será superada.

Nos toca aceptar que, sí, somos vulnerables frente a un virus, pero debemos ser críticos frente a las fuentes que de manera reactiva tratan de subir a las personas a la angustia, y en cambio mirar todas las estructuras dadas en la realidad que con fundamento científico y basada en los hechos nos presentan opciones serias, que nos den verdadera seguridad para conservar la salud y tomar decisiones valiosas.

Es completamente normal reaccionar en una situación así, pero cuando estas reacciones se fijan en la conducta y nos hacen ir por la vida tratando de confirmar nuestra visión de lo que sucede para sentirnos seguros, omitimos las posibilidades que la realidad nos presenta y que nos permiten mirar el futuro más allá de la temporalidad de la pandemia.

Una última observación: no se puede discutir con la historia, tampoco con la realidad, que en general hay repetición de comportamiento en cuanto a las pandemias. Digamos que hay sabiduría y orientación si revisamos la historia… y también existen consuelo y seguridad.

* Instituto de Análisis Existencial de México

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