Salud

La salud mental es más que “echarle ganas” / I

Mantener una condición óptima es importante en el confinamiento y también para salir de él, pues las cosas no serán igual

Revista Protocolo

Ciudad de México, 9 de julio de 2020.— En una situación de confinamiento es previsible que las personas tengan momentos o picos de miedo, angustia, tristeza, malestar y enojo, e incluso se modifiquen sus ciclos biológicos. Bajo esas emociones es posible que vean afectada su salud mental que, de acuerdo con una definición generalizada, es el estado de equilibrio de un individuo y su entorno sociocultural.

En este balance, las personas son conscientes de sus capacidades y necesidades, lo que les permite enfrentar cualquier situación. Una óptima salud mental hace que una persona se sienta bien y tranquila, satisfecha de cómo se desenvuelve en su entorno, sola o en grupo; es una sensación subjetiva de bienestar relativo, pues para unas personas este estado se presenta bajo ciertas circunstancias y para otras en condiciones distintas.

Sin embargo, la sensación de bienestar se ve comprometida debido al aislamiento social. Por ello, es importante desarrollar un autoconocimiento que permita reconocer emociones que puedan afectar la mente y conocer las medidas que se pueden adoptar para contrarrestarlas.

Los primeros impactos que tienen efecto en la salud mental son los cambios en los ciclos circadianos (ritmos biológicos en ciclos de 24 horas, que regulan funciones críticas del organismo). Afecta la percepción de pérdida de libertad, de no salir y hacer una vida normal, lo que genera angustia, a lo que se suman las preocupaciones por las situaciones económicas y laborales, así como el aburrimiento y monotonía.

De acuerdo con la investigación “El neuropéptido Tac2 controla un estado cerebral distribuido inducido por el estrés de aislamiento social crónico”, de 2018, se comprobó desde un punto de vista biológico lo que ya se sabía desde antes: los seres humanos son eminentemente sociables, como todos los mamíferos, los primates en especial. Un aislamiento social crónico causa graves efectos psicológicos en los humanos, pero sus bases neurológicas, señalaron los investigadores, son poco conocidas.

En el estudio, los científicos aislaron a ratones de laboratorio por más de dos semanas y se observó que empezaron a generar una expresión del gen taquiquinina Tac2, el cual codifica para el neuropéptido neuriquinina B, que se expresa en regiones del cerebro específicas y relacionadas con emociones y el comportamiento social, como la amígdala y el hipotálamo.

Después de ese periodo de tiempo en los animales se observó irritabilidad, una reacción de alerta frente a situaciones potencialmente alarmantes y rechazo a las actividades cotidianas; es decir, un mayor aislamiento en el aislamiento inducido.

Sobre el estudio, Ingrid Vargas Huicochea, de la Coordinación de Investigación del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), comentó que los resultados observados en laboratorio se podrían encontrar en los cerebros de los individuos que ahora están en confinamiento, pues biológicamente el aislamiento prolongado tiene un efecto en el cerebro del humano, sobre su química y función.

(Mañana, segunda parte de tres “Mente y Cuerpo”)

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