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Incrementa Estados Unidos seguridad en vuelos comerciales

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Anuncian cambios importantes en los requisitos de seguridad de la aviación mundial

Nuevas medidas de seguridad para vuelos a Estados UnidosLa Embajada de Estados Unidos en México difundió un comunicado del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos en el cual se informa que este país y la comunidad global de la aviación se enfrentan a un enemigo adaptable y ágil, ante lo cual los aviones de pasajeros continúan siendo el blanco de los terroristas.

Asimismo, se asegura que han visto una “tela de araña” de amenazas en la aviación comercial al perseguir los terroristas nuevos métodos de ataque. Debido a estas preocupaciones, se anunció que el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, Department of Homeland Security) está trabajando para elevar el estándar de la seguridad de la aviación mundial con el fin de mantener seguros a los viajeros, en coordinación con sus socios internacionales.

El comunicado señala que a la luz de la inteligencia evaluada, el secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos, John Kelly, ha determinado que es necesario implementar medidas de seguridad más estrictas para todos los vuelos comerciales con destino a ese país. Estas medidas, tanto las que están a la vista como las no vistas, incluyen mejoras en el control de pasajeros y de dispositivos electrónicos, así como normas de seguridad más estrictas para aeronaves y aeropuertos.

—Países: 105
—Aeropuertos: 280 (número aproximado, ya que variará en función de los aeropuertos estacionales)
—Total de líneas aéreas: 180
—Promedio de vuelos diarios: 2,100
—Pasajeros: Promedio diario de pasajeros de 325,000

Medidas de seguridad más estrictas y cronograma

Las medidas de seguridad más estrictas incluyen, entre otras:

•·Mejorar el control general de pasajeros;
• Llevar a cabo una detección más rigurosa de dispositivos electrónicos personales;
• Aumentar los protocolos de seguridad alrededor de las aeronaves y en las áreas de pasajeros; e
• Implementar tecnología avanzada, ampliar la detección con perros y establecer ubicaciones adicionales de preautorización.

A lo largo de las próximas semanas y meses, el DHS/TSA trabajará con las partes interesadas en la aviación para asegurarse de la implementación total de estas medidas de seguridad más estrictas. Las partes interesadas que no adopten estos requisitos dentro de ciertos plazos corren el riesgo de que se impongan restricciones de seguridad adicionales.

Vuelos internacionales hacia Estados Unidos

El comunicado finalizó resaltando que estas medidas de seguridad más estrictas ayudarán a proteger todos los vuelos comerciales que salen de 280 aeropuertos que sirven como último punto de partida hacia Estados Unidos.

Revista Protocolo

Estados Unidos-Cuba: regreso a la política de confrontación

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La Casa Blanca anunció el regreso a una política hostil respecto a Cuba, suscitando la incomprensión de la opinión pública estadounidense

Por Salim Lamrani*

Futuro sombrío en relaciones Estados Unidos-CubaEl 16 de junio de 2017, en el teatro Manuel Artime de Miami, el presidente de Estados Unidos anunció un cambio de la política exterior respecto a Cuba. En presencia de un público compuesto de veteranos de Bahía de Cochinos a quienes rindió homenaje, Donald Trump pronunció un discurso de una hostilidad sin precedentes. Usando una retórica de la Guerra Fría dejó presagiar un futuro sombrío para las relaciones bilaterales entre ambos países.

Retórica de la Guerra Fría

Mientras el mundo entero aclamó el diálogo constructivo que estableció Barack Obama en diciembre de 2014, así como el levantamiento de algunas restricciones, Donald Trump puso término al proceso de normalización de las relaciones. “Pongo fin al acuerdo desequilibrado que firmó la precedente administración con Cuba”, declaró. Denunció “la flexibilización de las restricciones de viaje y comercio [que] no ayuda al pueblo de Cuba”. El presidente estadounidense afirmó que se mantendrán las sanciones y se reforzarán las medidas destinadas a prohibir el turismo estadounidense en Cuba, exigiendo el “respeto de los derechos humanos”. “Reforzaremos el embargo”, concluyó.

El discurso de Trump no estuvo exento de contradicciones. Por una parte reconoció que Cuba es un país independiente: “Aceptamos todos que todas las naciones tienen el derecho a elegir su propia vía. […] Respetaremos entonces la soberanía de Cuba”. Por otra parte exigió cambios de orden interno, como una evolución del sistema político y del modelo social cubanos, en contradicción con los principios del derecho internacional.

Las medidas anunciadas no cancelan todos los acuerdos conseguidos bajo la precedente administración. Washington no pondrá en tela de juicio las relaciones diplomáticas ni los acuerdos migratorios establecidos. Del mismo modo se mantendrán los vuelos directos y los cruceros entre ambos países, así como los viajes de los estadounidenses de origen cubano y las remesas.

La Casa Blanca publicó un documento listando los cambios enunciados por el presidente Trump. Así, el turismo ordinario de los ciudadanos estadounidenses a Cuba seguirá prohibido y se limitarán los viajes que autorizó la administración Obama. Los ciudadanos estadounidenses ya no podrán realizar viajes de modo individual. Tendrán que pasar por una institución habilitada para ello con licencia de las autoridades. Se prohibirán las transacciones comerciales con las empresas del Estado. Se mantendrán las sanciones económicas y Washington defenderá su política en la escena internacional, particularmente en las Naciones Unidas donde por primera vez, en 2016, Washington se abstuvo en la votación para el levantamiento del bloqueo impuesto a Cuba.

Desde un punto de vista formal, el tono agresivo y autoritario de Donald Trump marcó una ruptura con la política de diálogo que adoptó Barack Obama. Mal asesorado, el presidente estadounidense eligió un lugar dedicado a un veterano de Bahía de Cochinos para anunciar el cambio de política. Incluso rindió un vibrante homenaje a Bonifacio Haza, antiguo capitán de la policía de la dictadura de Fulgencio Batista, responsable de múltiples crímenes contra opositores, entre ellos el asesinato de Frank País, figura histórica de la Revolución Cubana.

Respuesta de La Habana

El gobierno cubano lamentó la vuelta a “métodos coercitivos del pasado”. El reforzamiento de las sanciones que afectan a la economía cubana y a las categorías más vulnerables de la población solo incrementará los sufrimientos de una población que vive bajo estado de sitio desde hace más de medio siglo. Las autoridades también recordaron que no negociaban bajo presión. “Cualquier estrategia dirigida a cambiar el sistema político, económico y social en Cuba […] estará condenada al fracaso”, enfatizó la declaración oficial.

Cuba respondió al presidente Trump sobre los derechos humanos. Denunció “la manipulación con fines políticos y el doble rasero” en el tratamiento del tema. La Habana recordó que los derechos a la salud, a la educación, a la seguridad social y a un salario igual son una realidad en la isla, así como los derechos de los niños, el derecho a la alimentación, a la paz y al desarrollo. “Con sus modestos recursos Cuba ha contribuido también a la mejoría de los derechos humanos en muchos lugares del mundo, a pesar de las limitaciones que le impone su condición de país bloqueado”, enfatizó.

Cuba afirmó que Washington no tenía autoridad moral para disertar sobre el tema:

“Los Estados Unidos no están en condiciones de darnos lecciones. Tenemos serias preocupaciones por el respeto y las garantías de los derechos humanos en ese país, donde hay numerosos casos de asesinatos, brutalidad y abusos policiales, en particular contra la población afroamericana, se viola el derecho a la vida como resultado de las muertes por armas de fuego; se explota el trabajo infantil y existen graves manifestaciones de discriminación racial; se amenaza con imponer más restricciones a los servicios de salud, que dejarían a 23 millones de personas sin seguro médico; existe la desigualdad salarial entre hombres y mujeres; se margina a emigrantes y refugiados, en particular los procedentes de países islámicos; se pretende levantar muros que denigran a vecinos; y se abandonan los compromisos internacionales para preservar el medio ambiente y enfrentar el cambio climático”.

Las autoridades cubanas también recordaron las detenciones arbitrarias de decenas de presos en la base naval de Guantánamo, los actos de tortura, las ejecuciones extrajudiciales y los bombardeos de poblaciones civiles, particularmente en Iraq. La Habana enfatizó que formaba parte de 44 instrumentos internacionales sobre los derechos humanos contra solo 18 para Estados Unidos.

Cuba se negó a toda concesión relativa a “su soberanía e independencia”. No obstante, el gobierno de Raúl Castro declaró su “voluntad de continuar el diálogo respetuoso y la cooperación en temas de interés mutuo” con Estados Unidos, a pesar de las divergencias. Bruno Rodríguez, ministro cubano de Relaciones Exteriores, recordó los avances conseguidos con la administración Obama: “Cuba y Estados Unidos pueden cooperar y convivir civilizadamente, respetando las profundas diferencias entre sus gobiernos y promoviendo todo aquello que beneficie a ambas naciones y pueblos.”

Condena unánime

La decisión de la administración Trump suscitó muchas reacciones de rechazo en Estados Unidos. Numerosas voces se alzaron en el Partido Republicano para denunciar unas medidas contraproducentes. Para Jeff Flake, senador republicano de Arizona, “toda política que reduce las posibilidades de los estadounidenses de viajar libremente a Cuba no está en los mejores intereses de Estados Unidos o del pueblo cubano”. Jeff Flake es el autor de un proyecto de ley destinado a eliminar las restricciones a los viajes a Cuba, el cual consiguió la firma de 55 senadores sobre 100.

Por su parte Mark Sanford, congresista republicano de Carolina del Sur, recordó que varios republicanos estaban favorables a la normalización completa de las relaciones con Cuba y citó proyectos de ley con este objetivo. “Son medidas republicanas, son leyes republicanas. Intentamos el mismo enfoque durante 50 años y no funcionó”, agregó.

Jerry Moran, senador republicano de Kansas, también expresó su oposición a las medidas, recordando que Cuba era “un mercado natural para los agricultores de nuestra nación”. “Cuando no le vendemos a Cuba, otro país lo hace”, enfatizó para insistir en el carácter contraproducente de una política de sanciones. “Dar la prioridad a Estados Unidos significa exportar lo que produce en el mundo”, concluyó, en referencia al lema de campaña de Donald Trump.

Justin Amash, congresista de Michigan, fustigó la posición de Donald Trump sobre los derechos humanos. “La política del presidente de Estados Unidos hacia Cuba no tiene nada que ver con los derechos humanos o la seguridad. Si fuera el caso ¿por qué fue a bailar con los sauditas y venderles armas?”, preguntó.

Del lado demócrata, el senador Patrick Leahy de Vermont condenó la nueva política. La Casa Blanca “volvió a declarar la guerra al pueblo cubano”, lamentó. “Se trata de un retroceso irrisorio de la política de normalización que afecta la libertad de los estadounidenses a viajar, nuestros intereses nacionales y al pueblo de Cuba que aspira a retomar el contacto con nosotros”, insistió.

Nancy Pelosi, presidenta del grupo demócrata en el Congreso, fustigó “una política que destruye empleos y que rompe lazos comerciales crecientes y vitales entre Estados Unidos y Cuba”.

Por su parte, Jim McGovern, congresista demócrata de Massachusetts favorable al diálogo con Cuba, denunció un retroceso que no aportará “ninguna ayuda al pueblo cubano”. “Solo afectará a Estados Unidos y a los estadounidenses”, subrayando que la ruptura de las relaciones costaría 6.6 mil millones de dólares a la economía estadounidense y destruiría 12 mil empleos. “Estos cambios que adoptó el presidente Trump solo nos volverán a llevar a la política de la Guerra Fría que fue un fracaso patente y que mantuvo nuestro país en el pasado durante más de 50 años”, agregó.

La Cámara de Comercio de Estados Unidos, que agrupa a más de tres millones de empresas, condenó la decisión de la administración Trump: “Lamentablemente, las decisiones tomadas este día limitan las posibilidades para un cambio positivo en la isla y otros países disfrutarán de las oportunidades de crecimiento […]. Estamos dispuestos a trabajar con todas las partes para eliminar las políticas obsoletas que entorpecen la emancipación de los pueblos estadounidense y cubano.”

James Williams, de la coalición Engage Cuba que agrupa empresas estadounidenses favorables al levantamiento de las sanciones, deploró las medidas adoptadas por Donald Trump. “La apertura del comercio con Cuba permitió a empresarios estadounidenses integrar un mercado en pleno crecimiento a 90 millas de nuestras costas y crear empleos en todo Estados Unidos”, enfatizó. Ello perjudica los intereses de Estados Unidos: “Dadas las características de la economía cubana, las nuevas restricciones impuestas a las empresas estadounidenses entorpecerán este progreso, lo que podría costar miles de millones de dólares a la economía estadounidense y afectar miles de empleos.”

El mundo de los negocios expresó su preocupación. Zippy Duval, presidente de un grupo de intereses agrícolas llamado American Farm Bureau, expresó su punto de vista: “Mientras que enfrentamos la mayor caída de precios de las materias primas alimenticias en décadas, tenemos que abrir mercados para los productos agrícolas estadounidenses, y no mandar señales que cierran esas oportunidades.”

El sector religioso también condenó el regreso a una política de confrontación. La Conferencia Americana de Obispos Católicos expresó su oposición, recordando que “los derechos humanos y las libertades religiosas se reforzarán con más relaciones entre los pueblos estadounidense y cubano, y no menos”. La Alianza de Baptistas compartió el mismo punto de vista: “Como hombres de fe, expresamos nuestro desacuerdo con la nueva política y mantenemos nuestros compromisos con nuestros socios en Cuba. Reafirmamos nuestro apoyo a las solicitaciones del Congreso para poner término a todas las restricciones opresivas de comercio y viaje.”

La Organización Mundial de Turismo expresó su “fuerte rechazo” al nuevo enfoque estadounidense: “Constituye un retroceso y un importante atentado contra la libertad de viajar.” La entidad enfatizó el carácter contraproducente de estas medidas: “Esta decisión tendrá un impacto limitado sobre el desarrollo del turismo en Cuba, pero afectará de modo sustancial a la economía estadounidense y sus empleos. Muchas empresas estadounidenses ya tienen inversiones en Cuba y hacen negocios dado el inmenso potencial del turismo cubano, y otros países seguirán beneficiándose de las oportunidades.”

El New York Times también criticó la nueva política de Donald Trump en un editorial titulado “Un retroceso cínico sobre Cuba”. “Los estadounidenses que desean pasar unas vacaciones en Cuba o hacer negocio allí verán todo complicarse a causa de la desafortunada decisión del presidente Trump de poner fin a una apertura diplomática de dos años con la isla”, apunta el diario neoyorquino. Las razones que esgrimió la Casa Blanca no convencieron a la prensa estadounidense: “El repentino interés del señor Trump por los derechos humanos es particularmente difícil de tragar. Ningún presidente reciente ha despreciado tanto esos derechos o abrazado con tanta pasión a regímenes autoritarios que maltratan a sus pueblos.”

Las nuevas medidas se oponen también a la opinión pública estadounidense, la cual está a favor en su gran mayoría a la normalización de las relaciones con Cuba. Según un sondeo realizado por el Pew Research Center en diciembre de 2016, el 75 por ciento de los ciudadanos estadounidenses quieren mantener las relaciones con Cuba y el 73 por ciento desean el fin de las sanciones económicas. En efecto, no entienden por qué Cuba es el único país del mundo que no pueden visitar como turistas ordinarios. Los estadounidenses de origen cubano también están a favor de relaciones cordiales y pacíficas con La Habana.

El establecimiento de una política de diálogo por el presidente Obama tuvo un impacto positivo en el acercamiento entre ambos pueblos. En 2016, 284 mil ciudadanos estadounidenses visitaron Cuba en el marco de lo que representó un incremento del 74 por ciento con respecto a 2015. En 2017, para el periodo de enero a mayo, cerca de 285 mil viajaron a Cuba, un incremento del 145 por ciento con respecto a 2016, en el marco de una de las 12 categorías permitidas por Washington (viajes educaciones, culturales, religiosos, profesionales, científicos, etc.).

La comunidad internacional también se opone a toda política de sanciones contra Cuba. En octubre de 2016, por vigesimoquinto año consecutivo, 191 países de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre 193 condenaron el estado de sitio económico, comercial y financiero contra La Habana.

El llamado de las personalidades militares ignorado

El 20 de abril de 2017, 16 militares retirados de alto rango mandaron una carta al teniente-general H. R. MacMaster, asesor para la seguridad nacional del presidente Trump, exhortándolo a preservar las relaciones con Cuba:

“La normalización de las relaciones con Cuba es importante para la seguridad nacional de Estados Unidos y la estabilidad de las relaciones con el hemisferio occidental. La situación geográfica de Cuba en el Caribe y su proximidad con Estados Unidos la convierten en un socio natural y de alto valor estratégico sobre los temas de inmediata prioridad como el terrorismo, el control de las fronteras, la prevención del tráfico de drogas, la protección del medioambiente y la respuesta a las situaciones de emergencia. En efecto, sustanciales progresos se realizaron durante los últimos dos años, desembocando en la firma de 22 acuerdos entre Estados Unidos y Cuba y una coordinación práctica con nuestro ejército y las otras agencias. Debemos proseguir y ampliar estos esfuerzos. Asegurar la estabilidad económica de Cuba servirá los intereses de seguridad de Estados Unidos en el hemisferio occidental, particularmente dados los retos que enfrentan nuestros vecinos en América Latina. Al desarrollar el comercio y el flujo de información daremos al pueblo cubano los recursos para determinar mejor su propio futuro […] En nombre de la seguridad nacional, llamamos a nuestros líderes elegidos a proseguir el proceso de normalización con Cuba.”

Una política condenada al fracaso

La política hostil del presidente Trump está condenada al fracaso. Desde el advenimiento de la Revolución Cubana en 1959 La Habana nunca ha hecho la menor concesión bajo presión o amenaza. En el espacio de dos años, Barack Obama tuvo más resultados con Cuba al adoptar una política basada en el diálogo respetuoso que todos sus predecesores en más de 50 años que optaron por una política de agresión.

Hay una razón para ello. Los cubanos no son sensibles al lenguaje de la coerción, del chantaje o de la intimidación. Forma parte de su idiosincrasia. Cuba siempre ha expresado su disposición a resolver pacíficamente todos los diferendos con Estados Unidos, siempre que se respeten tres principios fundamentales y no negociables: la igualdad soberana, la reciprocidad y la no injerencia en los asuntos internos. En una palabra, el sistema político, el modelo social y la política exterior de Cuba son competencias exclusivas del pueblo soberano de la isla.

Por otra parte conviene recordar una vez más el carácter asimétrico del conflicto que opone Washington y La Habana. Es Estados Unidos el que impone sanciones económicas a Cuba desde hace más de medio siglo, afectando gravemente el bienestar de los cubanos e imponiendo un obstáculo mayor al desarrollo del país. Washington ocupa todavía de modo ilegítimo la base naval de Guantánamo contra la voluntad del pueblo cubano. La Ley de Ajuste Cubano adoptada en 1966 estimula aún la emigración ilegal y peligrosa, favorece el tráfico de seres humanos y el robo de cerebros. Finalmente, la política de “cambio de régimen” vigente viola los principios fundamentales del derecho internacional.

La política hostil de la Casa Blanca aislará a Estados Unidos en el continente americano y en el mundo. No conseguirá ningún resultado tangible. Reducirá los intercambios entre ambos países, afectará a la vez los intereses cubanos y estadounidenses y erigirá otro obstáculo entre ambos pueblos que aspiran a mantener lazos cordiales, pacíficos y respetuosos.

* Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, profesor titular de la Universidad de La Reunión y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos

Revista Protocolo

El muro no tiene razón de ser

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Guillermo Castillo, del Instituto de Geografía de la UNAM, señala que la retórica xenofóbica de Estados Unidos es más agresiva

Justifica EU construcción del muro por criminalización de migrantes mexicanosLa migración tiene que observarse como un conjunto de procesos económicos y políticos, y no solo como un asunto de seguridad nacional, y si se analiza lo ocurrido en los últimos diez años con la migración de mexicanos hacia territorio estadounidense, el muro no tiene razón de ser, aseguró Guillermo Castillo Ramírez, del Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México (IGg-UNAM) en la conferencia “El muro, la frontera y la migración: escenarios adversos”.

El doctor Castillo, especialista en geografía de la migración, mencionó que el actual gobierno de Estados Unidos ha justificado la construcción de un muro en la frontera con México a partir de la criminalización de los migrantes mexicanos, pese a que menos del 5.3 por ciento ha cometido algún delito grave como portación de armas o secuestro.

“Más que un trasgresor de la ley, el migrante es un trabajador explotado en Estados Unidos si se toma en cuenta su salario, las prestaciones y los servicios sociales que recibe”, señaló el investigador, quien invita a pensar en la aportación que hacen los migrantes en términos económicos y de consumo en el país vecino del norte.

Son generalmente las sociedades receptoras de los migrantes, subrayó Castillo, las que obtienen los mayores beneficios económicos, en especial porque al contratarlos se reducen los costos de la mano de obra. Para argumentarlo, mostró cifras del US Bureau of Economic Analysis y el US Bureau of Census que indican que de 1994 a 2008, los mexicanos en Estados Unidos ocuparon 3.8 millones de empleos, y que su aporte al crecimiento del Producto Interno Bruto estadounidense del año 2000 a 2007 fue de más de 10 por ciento.

El total de migrantes mexicanos con documentos o sin ellos en 2007 fue de casi 12 millones, por lo que tendría que reconocerse la capacidad de consumo que han tenido. Sin embargo, a pesar de las ganancias económicas que los migrantes mexicanos representan para la sociedad y economía estadounidenses, existe un proceso de exclusión social hacia ellos. “Los mexicanos indocumentados son uno de los grupos de mayor pobreza en Estados Unidos y los que reciben el menor ingreso, y por su situación migratoria son más susceptibles a que sus derechos sean violados”, abundó en entrevista con la Academia Mexicana de Ciencias.

Otro de los argumentos para la construcción del muro se basa en el aumento del número de migrantes mexicanos que ingresan a Estados Unidos. Luego de hacer un análisis de diversos estudios de investigadores de El Colegio de la Frontera Norte, Guillermo Castillo identificó que, de 2008 a la fecha, el flujo de migrantes indocumentados mexicanos ha disminuido debido a que los nichos laborales en los que se insertaban —construcción, servicios, agricultura— ya no generan suficientes empleos.

“A partir del 2008 con la crisis inmobiliaria que afectó la economía de Estados Unidos y las políticas de deportación implementadas en las administraciones de George W. Bush y Barack Obama, se presentó un claro descenso de la migración no documentada, por lo que el muro no obedece a un análisis racional, sino a motivaciones ideológicas”, sostuvo el especialista en la conferencia que brindó el pasado 31 de marzo.

Los muros que no frenaron la migración

Las barreras físicas ya existen como una respuesta de Estados Unidos ante la migración mexicana. Operaciones como “Bloqueo”, en El Paso, Texas, en 1993, y “Guardián”, en San Diego, California, en 1994, consistieron fundamentalmente en levantar bardas en estas zonas fronterizas para frenar el cruce de indocumentados.

Contrario a lo que se buscaba, surgieron nuevas rutas migratorias e incrementó, del año 1994 a 2007, el flujo de migrantes mexicanos no documentados hacia Estados Unidos. En el siglo XX los mexicanos indocumentados que llegaban a Estados Unidos lo hacían procedentes principalmente de Durango, Aguascalientes, Jalisco, Nayarit, Colima, Michoacán, Zacatecas, San Luis Potosí y Guanajuato, y tenían como destino los estados de California, Arizona, Texas e Illinois. Pero al cambiar estos patrones de salida-destino, nuestros connacionales comenzaron a salir desde todas las entidades del país y llegaron a todo el territorio estadounidense, explicó Castillo Ramírez.

Con la diversificación de las rutas migratorias hacia Estados Unidos la ocurrencia de violaciones a los derechos humanos también aumentó. Tan solo en la zona fronteriza de San Ysidro, en San Diego, California, y Tijuana, Baja California, se reportaron cinco mil 600 muertes de migrantes mexicanos indocumentados entre 1994 y 2009, dijo el investigador del Departamento de Geografía Social del IGg-UNAM.

Además, Castillo se refirió al costo económico que conllevaría para Estados Unidos la construcción del muro prometido por su presidente, Donald Trump. De acuerdo con cifras oficiales, “el gasto sería entre 12 mil millones y 15 mil millones de dólares, sin tomar en cuenta el costo de su mantenimiento”.

Y pese a la disminución de la migración indocumentada que inició en 2008, 10 mil agentes de inmigración serán contratados para aumentar el número de elementos que en la actualidad se emplean en la zona, que ascienden a cerca de 20 mil.
Fuente: Academia Mexicana de Ciencias

Revista Protocolo

San Diego y Baja California se unen para fortalecer relación

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La Cámara de Comercio de San Diego en la CDMX realiza su 12ª Delegación Binacional Anual

Jerry Sanders, presidente y CEO de la Cámara de Comercio de San Diego; Kevin Faulconer, alcalde de San Diego, California; y Manuel Gastélum, presidente municipal de Tijuana, Baja California. Foto: Luis Felipe Hernández Beltrán

Jerry Sanders, presidente y CEO de la Cámara de Comercio de San Diego; Kevin Faulconer, alcalde de San Diego, California; y Manuel Gastélum, presidente municipal de Tijuana, Baja California. Foto: Luis Felipe Hernández Beltrán

Promover el comercio transfronterizo y apoyar acuerdos comerciales que fomenten una economía compartida entre Estados Unidos y México, es una de las prioridades de las comitivas conformadas por líderes comunitarios, empresariales y gubernamentales de San Diego, California, y el estado de Baja California, quienes participan en la 12ª Delegación Binacional Anual, organizada por la Cámara de Comercio de San Diego y que se realiza en un conocido hotel de la Ciudad de México (CDMX).

Este encuentro ha venido a darle tranquilidad a México, ante la incertidumbre por las políticas que en materia comercial, entre otras, quiere ejercer el actual gobierno de Estados Unidos.

En conferencia de prensa, Jerry Sanders, presidente y CEO de la Cámara de Comercio de San Diego; Kevin Faulconer, alcalde de San Diego, California, y Manuel Gastélum, presidente municipal de Tijuana, Baja California, mostraron su optimismo porque sigan las relaciones entre ambos países, principalmente en esa región fronteriza, además de hacer un esfuerzo para establecer un clima de negocios próspero.

Estos líderes reconocieron que las economías de ambos países son interdependientes y que la comunicación y cooperación debe ser mutua a beneficio de las dos naciones.

La región “Cali-Baja” como se le conoce, es un competidor global, ya que aporta más de 230 mil millones de dólares, una mano de obra amplia y educada, una cadena de abastecimiento corta y el cruce fronterizo terrenal más transitado del mundo.

Además, en esta convención se manejarán temas como la mejora de los cruces e infraestructura fronteriza como el ferrocarril transfronterizo, el Otay II, y el PedWest; así como impulsar el turismo regional en la zona.

Para lograr mejores acuerdos, durante la 12ª Delegación Binacional Anual, los integrantes de la Cámara de Comercio de San Diego se reunieron con autoridades de distintas secretarías del gobierno federal mexicano, así como con miembros de la Cámara de Diputados y el Senado de la República, y la embajadora de EU en México, Roberta S. Jacobson.

Revista Protocolo

Embajadora Jacobson visita Oaxaca

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Se reunió con el gobernador Alejandro Murat y destaca derechos humanos y crecimiento económico

AFRC

Realiza embajadora de Estados Unidos un recorrido por OaxacaRoberta Jacobson, embajadora de Estados Unidos en México, visitó recientemente el estado de Oaxaca como parte de su compromiso de cultivar relaciones y conocer lo más posible del pueblo mexicano.

Durante su visita la diplomática se reunió con el gobernador Alejandro Murat con quien dialogó acerca del desarrollo económico, la herencia cultural y los intercambios educativos.

Con énfasis en la importancia de los derechos humanos, la embajadora se reunió con el ombudsman estatal Arturo Peimbert, y dialogó en mesa redonda con representantes de la sociedad civil y defensores de derechos humanos sobre las preocupaciones de las comunidades indígenas, la libertad religiosa y la situación general de derechos humanos en la entidad.

Por separado, visitó al arzobispo José Luis Chávez Botello. También sostuvo un encuentro con mujeres líderes en Oaxaca, incluyendo a periodistas, líderes de radio comunitaria, abogadas y directoras de asociaciones civiles, y dio un recorrido por el Centro de Justicia para Mujeres, que recibió fondos de la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID).

Interesada en el desarrollo económico de la entidad, la embajadora se reunió con representantes locales de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) y con el secretario de Economía, Jesús Rodríguez Socorro. A la par, y destacando la importancia para la economía de desarrollar una fuerza laboral capacitada y multicultural para el siglo XXI, la embajadora recorrió el centro de asesoría educativa EducationUSA que ofrece toda la información necesaria para estudiar en Estados Unidos. La embajadora aprovechó el acto para conocer a exbecarios oaxaqueños del Departamento de Estado.

“Estoy profundamente complacida de haber visitado Oaxaca. No solo pude conocer a su gente, activistas, estudiantes, periodistas y funcionarios de gobierno, sino también de conocer el sitio arqueológico de Monte Albán, el jardín botánico, los alebrijes, y degustar su maravillosa comida, incluyendo, por supuesto, el mole y el mezcal. Me siento muy optimista sobre el futuro de Oaxaca, su desarrollo económico y la participación de estudiantes oaxaqueños en universidades estadounidenses”, sostuvo la embajadora Jacobson.

Revista Protocolo