Ciencias Alternas

Las 7 leyes universales de la alquimia

Lo más importante no es memorizarse estas leyes universales, sino poderlas aplicar en nuestra vida

Moisés Matamoros Muñoz

Alquimia significa fusión, unión, el arte de la trasmutación y del cambio. Los alquimistas se han dado cuenta que la materia puede ser transmutada, mejorada y cambiada; las personas, las energías pueden ser cambiadas, transformadas y elevadas y es ahí donde el espíritu encuentra su razón infinita de existencia.

Se reconoce como el gran alquimista de la historia a Hermes Trismegisto, personaje mítico que unifica al dios griego Hermes y el egipcio Dyehuthy (en antiguo egipcio) o Tor (en griego); su nombre significa “Hermes, el tres veces grande”. Es autor de varias obras alquímicas, ocultistas y teológicas helenas. Sin embargo, él mismo dice que se debe a que posee tres partes de la sabiduría: alquimia, astrología y teúrgia.

Se dice que Hermes es el autor de la Tabla de Esmeralda, obra máxima de la sabiduría alquímica, la leyenda afirma que está tallada sobre un bloque de la valiosísima gema verde. El misterioso texto está compuesto de trece preceptos, escritos con abrumadora simpleza, que parecieran condensar toda la tradición mística occidental. Su influencia filosófica ha atravesado milenios hasta llegar a nuestros días. De aquí es de donde emanan lo que se conoce como las siete leyes universales:

  • Principio del mentalismo, ley de afinidad. El todo es mente, el universo es mental. Más allá del cosmos, del tiempo, del espacio, de todo cuanto se mueve y cambia se encuentra la realidad sustancial, la verdad fundamental. El 99 por ciento del universo es espiritual, solo el 1 por ciento es material. Todo cuanto nos rodea es denominado “materia”, pero más allá de lo que vemos, percibimos y comprendemos, está la realidad del Todo, del Espíritu, que llamamos “Dios”, que podemos considerarlo una mente infinita, universal y viviente que está en todo lo que entendemos como creación. Todo cuanto hay dentro del universo pertenece a una creación mental, nos movemos, sentimos, vivimos, creamos y pensamos dentro de una mente que crea el Todo, somos parte de él, no existe nada fuera del Todo. Por eso, por afinidad, nuestros pensamientos atraerán a nuestra vida formas mentales similares; la calidad de los acontecimientos que se nos presenten dependerán de nuestros pensamientos, por eso es importante tener el control de ellos, sin permitir que divaguen, anclados en la conciencia.
  • Principio de correspondencia. Como es arriba es abajo, como es abajo es arriba. Siempre hay una conexión en las leyes y los estados del ser, hay leyes que no conocemos, pero cuando aplicamos esta ley empezamos a comprender la mecánica. El ser puede tener relación con los planos inferiores pero no puede identificar los superiores. Los seres humanos operamos con el instinto pero cargado de conciencia y con un campo de acción mucho más amplio. Los Ángeles trabajan sirviendo a la humanidad, pero su acción es más sutil, y aunque conocemos de ellos, no podemos dimensionar su alcance.
  • Principio de vibración. Nada está inmóvil, todo se mueve, todo vibra. Todo está en movimiento, el conocimiento puede ser comprobado. La diferencia entre las manifestaciones de la mente, la materia y el espíritu dependen de sus vibraciones. Desde el plano más elevado hasta la más densa materia: todo está en continuo movimiento que marcará la calidad de la vibración. Si la vida gira dentro de un ambiente positivo es porque el trabajo interno eleva la vibración de los pensamientos provocando cambios naturales de acción. Nuestra vibración interior materializa la vibración exterior, cuando decidimos vivir dentro del amor, la vida transcurre en este flujo de felicidad, vitalidad y milagros.
  • Principio de polaridad. Todo es doble, todo tiene dos polos, todo tiene su opuesto. Los semejantes y los antagónicos son lo mismo, los opuestos son idénticos en naturaleza pero diferentes en grado. Los extremos se tocan, todas las paradojas pueden reconciliarse. En todo hay dos aspectos, los opuestos no son más que partes de lo mismo, diferenciándose en su vibración: bien y mal, blanco y negro, positivo y negativo; son lo mismo pero con diferente vibración. El miedo puede cambiar su polaridad en certeza, confianza, transmutación de alta frecuencia. El poder del cambio es personal.
  • Principio del ritmo. Todo asciende y desciende, todo se mueve como un péndulo. Todo fluye y refluye, todo tiene periodos de avance y retroceso, todo asciende y desciende, todo se mueve como un péndulo, el ritmo es la compensación. Todo cumple un ciclo, a todo periodo de actividad le viene un descanso, en todos los planos y elementos esto se cumple de forma irreversible, por ejemplo, el día y la noche, el contrapunto del verano es el invierno y el de la primavera es el otoño. Si cada vez que vemos venir un periodo de sufrimiento logramos mantenernos en el plano superior, podremos aprender y elevar nuestra conciencia.
  • Principio de causa y efecto. Toda causa tiene su efecto y todo efecto tiene su causa. Todo sucede de acuerdo a la ley, la suerte no es más que el nombre que se le da a una ley no reconocida, hay muchos planos de causalidad pero nada escapa a la ley. Este principio nos confirma que no hay casualidad, todo es causalidad: toda siembra tiene su cosecha, todo lo que entregues será devuelto. Esta ley es la respuesta de un universo perfectamente bien organizado que es la mayor fuente de abastecimiento para el hombre y para la vida y le da a cada quien lo que ha buscado y lo que merece. Es justa, abarca pensamientos y acciones.
  • Principio de género. Todo tiene su principio masculino y femenino. El género se manifiesta en todo, no solo en el plano físico, sino en el mental y espiritual. La mente subjetiva que imagina y sueña corresponde al divino femenino; el consciente o mente objetiva que visualiza objetivamente corresponde al divino masculino. En el mundo físico este principio se manifiesta como sexo y en los planos superiores toma formas más elevadas. Ninguna creación material, mental o espiritual es posible sin este principio, cada ser contiene en sí mismo sus dos elementos. Género no es lo mismo que sexo, la palabra género significa generar, crear, concebir, producir y va más allá del plano físico. La palabra sexo se limita a la vida orgánica.

Quisiera concluir dejando manifiesto que lo más importante no es memorizarse estas leyes universales, sino poderlas aplicar en nuestra vida, para ello me sirvo de este relato que leí en el muro de Karen Berg, directora del Centro Internacional de Kabbalah:

“Un día, mientras el Arí HaKadosh oraba en la noche antes de Rosh Hashaná, Dios le dijo: ‘hay una persona que tiene una conciencia superior a la tuya en la ciudad de Safed. Encuéntrala e invítala a estar contigo en la festividad’. Así pues, el Arí fue a Safed, al final consiguió un hombre y le dijo: ‘Dígame, ¿cuánto está aprendiendo? ¿Está estudiando las Sagradas Escrituras? ¿Cuánto estudio del Zóhar ha hecho?’; el hombre respondió: ‘no, no estoy aprendiendo, de hecho ni siquiera leo, soy analfabeto, no sé leer’. El Arí preguntó: ‘¿qué es lo que hace exactamente para avanzar en su crecimiento espiritual?’, a eso respondió el hombre: ‘soy un hombre simple con un corazón simple, intento ser buen ser humano, ayudo a la gente cuando puedo, aunque no tenga entrenamiento formal y nunca haya aprendido a leer y escribir. Cuando entro en un lugar de oración tomo el Álef–Bet (alfabeto hebreo) y le digo al Creador desde mi corazón que haga lo que quiera con mis esfuerzos y yo aceptaré todo lo que tenga para darme’. Solo necesitamos la receptividad genuina del corazón hacia la Luz, un simple deseo de ser mejores y brillar con un poco más de intensidad. Eso es todo lo que hace falta para conectar verdaderamente con el Universo.”

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