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La Fórmula Uno empezó hace miles de años

Sin ir tan lejos, con la Roma imperial

Ben Hur —Charlton Heston—. El triunfo

Seúl.- Como ha ocurrido en otros grandes momentos del homo sapiens ante el asombro al encender el primer fuego, o cuando descubrió el uso de la rueda y hasta en la invención del cero para computar más de prisa. Un buen día a los lejanos abuelos les dio por hablar, por bailar y por cantar.

Así como aquellos hitos, también en otra ocasión, a nuestros parientes primitivos se les antojó correr y poco adelante, ver quién lo hacía más rápido. Imposible saber quiénes serían los primeros espectadores y tampoco los protagonistas iniciales de esas justas deportivas prístinas.

El rito convertido en mito y éste vuelto documento para saber que, mucho más cerca de nuestros días, ya se celebraban sacrificios ante variadas situaciones que remataban o daban inicio con carreras disputadas. La Ilíada, La Odisea y La Eneida, dan cuenta de ello.

Es fácil imaginar a Aquiles o Áyax corriendo sobre sus carros tirados por caballos alados frente a las murallas de Troya. Más tarde: Ben Hur y Messala dando giros en un coliseo a bordo de sus cuadrigas eternas. Es cuando ya tenemos algo más que hojas de papel como testigos.

Inscripciones en piedra en un monumento romano, dicen fehacientes que existió un ídolo deportivo: Cayo Apuleyo Diocles. Conductor luso hispano retirado de las carreras con 42 años, siete meses y 23 días, quien fue el campeón más grande de entre los pilotos de cuadrigas y obtuvo ingresos pecuniarios alucinantes, otorgados en sestercios en contante, como premio a sus triunfos.

Diocles firmaba contratos y autógrafos mediante una raya gruesa porque era analfabeta. Venía del pueblo. Era el piloto de uno de los equipos de los potentados del mundo romano. Sí. Los dueños de aquellas escuderías formidables: la roja, la blanca, la azul o la verde. Pues esta estrella deportiva estuvo contratada por breves temporadas al servicio de los blancos y luego pasó a la nómina de los verdes. Es asunto verificable, que hacia el año 126 de nuestra era, no sólo se lo conocía, porque existió; sino que usaba casco de cuero, espinilleras y peto protector. Asía en las manos un látigo feroz y sus bridones, también llevaba una charrasca en la cintura para hacerse respetar por los rivales agresivos, pero más que nada, porque le resultaba esencial para cortar los enredos de las riendas en caso de una caída.

Jugaba en esas pruebas que daban inicio cuando el césar soltaba su pañuelo blanco como señal para la largada. Sancionadas por los comisarios, con un árbitro en jefe. Había que dar siete vueltas demenciales alrededor del circo y llegar el primero para consagrarse en el podio para entonces recibir las coronas de laureles.

El público se trastornaba. Tanto, que desde el día previo a la justa apartaba sus lugares durmiendo en las tribunas. Allí comían, bebían y peleaban. Eran catarsis que asentaron su fama por el orbe y también un espectáculo que nadie se quería perder. Fenómeno de la psicología de las masas que tiene su nombre desde entonces: furor circensis.

Ángelo della Corsa/ renco press
http://www.topformula1.net
http://www.topformula1.net/gp_corea_Blinker_2011.html

Homero. Copia romana de 1875.
Gaetano Rossi
Virgilio. Anónima
Brad Pitt
Cayo Apuleyo Diocles

Fotos:
Ben Hur/ www.cineanthony.blogspot.com
Homero/ www.cultura-antigua.wikispaces.com
Virgilio/ www.biografiasyvidas.com
Brad Pitt/ www.avancesdecine.com
Cayo Apuleyo Diocles/ www.taringa.net

Revista Protocolo

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