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Los campeones de la Fórmula Uno

Se prefiere a Fangio o se opta por Senna

Vettel. La celebración con burbujas

Narita-Tokio.— El triunfador. Aquel que vence por sobre todos. La muestra que se debe de imitar. Cada cual se decanta por un paradigma. El ídolo. Cuando hay hasta campeones de las finanzas.

Remontados a lo que ya pasó, algunos escogerían a Jonás, por el heroísmo insensato de haber estado dentro de la barriga de una ballena. Otros a Abraham, quien para probar la sumisión a Dios, se dispuso a sacrificar a uno de sus hijos en holocausto. Más en lo básico, dirían que el campeón de todos los hombres hubiese sido Adán que gustaba tanto de su mujer —sin ombligo— cuanto de las manzanas.

Alguien más tarde discurrió las leyendas. De entonces, se comenzó a decantar la gente por Leónidas en el Paso de las Termópilas, defendiendo a los griegos contra Jerjes el persa. O por Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid, que daba de beber agua compartiendo la boca de su bota a los leprosos, como para presumir una providencial autodefensa inmunitaria.

Menos romántico, el hombre vigesémico dio con la argucia de la evasión a través del deporte y fue cuando ya se originaron los ídolos de juego. Alguno se inclinó por las competiciones de velocidad; y más, con aquellas de múltiples caballos como los que están adentro de los coches de carrera para trasmitir la potencia.

Nació el fervor por los grandes ases del volante. Forzados a escoger, había quien fuera capaz de seleccionar a Tazio Nuvolari el incansable ganador de casi todos los Grandes Premios que se dirimieron antes de 1950 en que se empezó a contabilizar la Fórmula Uno como es hoy.

Ya en las calendas reglamentarias, priva en algunos sectores de fanáticos el argentino Juan Manuel Fangio, de las primeras décadas, cuya consigna famosa rezaba que había que ganar una justa a la velocidad más baja posible. En seguida, se erigió otro gran mito: Jim Clark. Él, volaba sobre una trayectoria milimétricamente perfecta. Hasta hace poco quien reinó indiscutible, fue Ayrton Senna de Brasil, el san Juan de la Cruz de la alta velocidad que cristalizó misticismo y revoluciones por minuto en una misma ecuación.

El domingo de hace unos días, se ha coronado Sebastian Vettel, alemán, el bicampeón más precoz de la historia, que viene rompiendo todas las marcas previas a su tiempo como si fueran jarritos de Tlaquepaque. A partir de él, ha dado comienzo otra era legendaria, ésta, con el auspicio de las aguas energéticas de Red Bull, y por supuesto, también a mil por hora ¡Qué tiempos los de ahora señor don Simón!

Ángelo della Corsa/renco press
http://www.topformula1.net
http://www.topformula1.net/Singapur_Blinker_2011.html

Fotos de Planet F1. Sutton images

Revista Protocolo

Llegando al “parc fermé” en su Red Bull No se cansa de ostentarlo: el número uno Cruza la meta en Suzuka, a bordo del RB7

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