Gourmet Life & Style

Los nuevos vinos ibéricos

Una nueva ola de creacionismo surgió en la madre patria y una concentración de aromas con matices variados, colores intensos y voluptuosidad jamás sospechada nos abre paso a nuevas sensaciones

Por Montserrat Piñeiro Guerrero

los-nuevos-8-junio-09Ningún clásico es malo, nada menos que por su calidad y homogeneidad en el gusto de los consumidores, los clásicos enológicos y culinarios conservan su lugar para siempre. Frente a deconstrucciones y reinvenciones, el mole poblano y el cocido madrileño trascienden el tiempo. Lo mismo sucede con los nuevos vinos de autor españoles y esos conservadores caldos de la Rioja y Ribera del Duero.

Una nueva ola de creacionismo surgió en la madre patria y una concentración de aromas con matices variados, colores intensos y voluptuosidad jamás sospechada nos abre paso a nuevas sensaciones. Contraponiéndose a las mezclas tradicionales y a los porcentajes de cepas predeterminados, aparecen enólogos jóvenes que cuestionan los antiguos métodos —sin criticarlos— y dejan volar su creatividad para hacer nuevas inclusiones, experimentar con ensamblajes y producciones a baja escala.

Nuevos matices
Los taninos se redescubren y muestran un rostro diferente, los aromas se revelan tal vez más expresivos y abiertos, la persistencia es cambiante y se redescubren lienzos de sensaciones. Los nuevos vinos que nos ofrece España —y que han opacado por mucho en los últimos tiempos a sus vecinos franceses—, son el emblema de una nueva generación enológica. La opulencia caracteriza a estos productos nacientes, el avance tecnológico toma parte y hace posibles tantas acertadas experimentaciones como es posible a través de una producción sofisticada.

Se trata no de vinos para maridar sino para ser degustados, caldos con personalidad propia, tan fuerte y única que se imponen ante el paladar.

La llamada parkerización forma parte de estos matices y algunos se atreven a afirmar que dio pie a estas creaciones. Los tonos vainillados con un término de chocolate en boca, forman parte de las inclinaciones del célebre crítico Robert Parker, quien marca la pauta en tendencias vinícolas según sus calificaciones anuales. Por supuesto, no fue por sus preferencias que se desarrollaron tales caldos en la península ibérica sino siguiendo un movimiento que responde a la homogenización que estaba dominando el mundo del vino.

Puntos de vista
Existen dos corrientes dentro del ámbito vinícola: la primera concibe al vino como un producto de la tierra que debe ser manipulado de forma mínima por las manos del hombre. La otra corriente afirma que el vino es un elemento cultural que expresa las ideas de su creador. Es sobre esta última base que los vinos de autor han visto su desarrollo, cada enólogo realiza las mezclas que considera ideales para obtener un resultado preciso: mayor cuerpo, determinado grado alcohólico, aromas puntuales que destacan sobre ciertos matices clásicos.

Alicante, Almansa, Bullas, Biezo, Binissalem-Mallorca, Cariñena, Calatayud, Costers de Segre, Jumilla, Montsant, Plá Llevant, Priorato, Penedés, Ribera de Guadiana, Valencia y Yecla pertenecen a las denominaciones de origen que se han visto privilegiadas por esta nueva ola creativa, las distintas propiedades de sus terrenos confieren a sus vinos un gusto distintivo, algunos blancos secos con ese toque herbal contundente que puede acompañar pescados grasos sin opacarlos, vinos con un acento particular de acidez poco amable para aficionados que se revela sumamente interesante para los entendidos.

Los tintos, por su parte, poseen una potencia peculiar que no muestra esas propiedades de los clásicos jóvenes con alta acidez y color tenue, sino una madera que les confiere notas de crianza y matices de color que adivinan caldos moderadamente madurados.

La evolución
El rescate de cepas, la innovación en sistemas de cultivo y vinificación fueron pasos que impulsaron a los caldos españoles a ingresar dentro de su nueva era. Esta reconversión compuesta por fermentaciones a temperaturas controladas y utilización de barricas nuevas encauzó a una inflexión del gusto por parte de los consumidores. Alejándonos de vinos abocados y ásperos vamos aceptando vinos con mayor redondez, con taninos sutiles escasos en verdor y elevada concentración.

Las bodegas de un solo vino aparecen y empiezan a proliferar, los productores dedican toda su producción a un solo caldo con una definición propia que se diferencia en ciertas notas según la añada, interesante decisión que tiende un tanto a la exclusividad y otro tanto hacia lo artesanal.

Los frutos de una revolución
Con estos vinos de la tierra, expresivos y regionales, España hace frente a los nacientes productos del Nuevo Mundo, sus propuesta fue tan interesante para el consumidor mundial que el vino ibérico se vio catapultado como nunca antes, hoy en día las cartas de restaurantes selectos se ven inundadas con propuestas poco convencionales que despiertan bastante intriga entre jóvenes que se inician en el arte vinícola y tientan a los amantes del clasicismo a ser infieles a sus ideas para interactuar con esta juventud vinícola.

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