Comercio y Negocios

Una vez más se renueva el Pacto de San José

Venezuela y México renovaron el pasado 3 de agosto uno de los mejores instrumentos en el plano internacional para financiar proyectos de desarrollo económico a mediano y largo plazos a fin de suministrar bienes y servicios a los países participantes.

Se trata del Acuerdo de San José, el cual ratifica el compromiso de ambos países para garantizar el suministro de 160 mil barriles diarios de petróleo crudo y productos refinados.

Los presidentes de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, y de México, Vicente Fox Quesada, firmaron la declaración conjunta que prorroga por vigésima primera ocasión el Programa de Cooperación Energética en donde se incluye como países participantes a Barbados, Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Jamaica, Nicaragua, Panamá y República Dominicana.

Suscrito por primera vez el 3 de agosto de 1980, el pacto se ha renovado cada año sin interrupciones y es un instrumento único en su género, ejemplo de cooperación internacional.

De esta manera, Venezuela y México seguirán formalizando un esquema de cooperación financiera que identifica, evalúa y financia proyectos en Centroamérica y el Caribe.

El compromiso continúa siendo el de llevar a cabo misiones conjuntas de carácter técnico a los países participantes, con el propósito de difundir los términos del esquema de cooperación financiera una vez que éste sea formalizado y para intercambiar experiencias sobre el aprovechamiento del acuerdo.

El jefe del Ejecutivo mexicano y el mandatario venezolano manifestaron una vez más su voluntad de profundizar la cooperación entre las naciones de Centroamérica y el Caribe, tanto en el ámbito regional como en el bilateral, para contribuir al desarrollo económico de la zona.

El programa tiene la característica de ser flexible y dinámico, debido a que se ha adaptado durante dos décadas a las condiciones cambiantes de los mercados de hidrocarburos y financieros, así como a los requerimientos de los países participantes, lo cual ha garantizado su eficacia y permanencia.

El hecho es que las empresas privadas de los países centroamericanos y caribeños continúan realizando sus compras de petróleo crudo y productos petrolíferos bajo este esquema, y estos consumos son destinados al mercado interno.

Responsabilidad compartida

Las acciones que tanto Venezuela como México realizan bajo el Acuerdo de San José contribuyen a la estabilidad de los mercados petroleros internacionales y han coadyuvado al desarrollo de la región centroamericana.

El suministro de crudo y productos petrolíferos hacia los países participantes es objeto de evaluación y ajustes constantes, en función siempre de la evolución de las compras y de las disponibilidades de los países proveedores.

De esta forma, los abastecimientos que México y Venezuela efectúan dentro del programa se rigen por las políticas y prácticas comerciales establecidas por sus empresas petroleras estatales.

Es importante señalar que existe un Comité de Seguimiento Bilateral que se reúne en forma semestral y alternativamente en Venezuela y México, con el propósito de evaluar la operación del programa y proponer a sus respectivos gobiernos, si se considera oportuno, la adopción de nuevos procedimientos para la mejor estructuración y el mayor aprovechamiento de las facilidades financieras del sistema.

Nueva dinámica a la región

El Acuerdo de San José es complemento de otros pactos de integración entre México y los países centroamericanos en áreas de infraestructura como electricidad y transporte, y abre también posibilidades de financiamiento de proyectos mediante la banca de desarrollo.

Los puertos de Coatzacoalcos y Salina Cruz en México tienen la capacidad para enlazarse con otros muelles de Estados Unidos, Europa y Asia y con Puerto Colón en Panamá, también con características de competitividad a escala mundial.

Este programa, al igual que el Plan Puebla-Panamá, considera el hecho de que la región llegará a 92 millones de habitantes en el año 2025, cifra similar a la que México tuvo en 1995, lo cual significa un crecimiento demográfico importante (léase mercado de interés).

Los países firmantes del Acuerdo de San José están conscientes de la realidad latinoamericana en cuanto al gran atraso económico y social, así como a la existencia de las enormes desigualdades entre países ricos y pobres, estos últimos con altos índices de marginación.

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