Responsabilidad Social

Reconoce DEMAC historias de mujeres que propician cambios en la sociedad

La músico Lupita Ambriz fue una de las condecoradas gracias a su historia La música mi vida; mi vida y la música

Revista Protocolo

Cuando volvió a pisar aquella casa todo lo encontró igual, pero esta vez todo era diferente. Tenía más de 30 años de no entrar ahí, así que esta vez su emoción era inevitable, inocultable. La emoción le recorría toda la piel y se le asomaba en una sonrisa hermosa y sincera. La felicidad no le cabía en su cuerpo, le brotaba por todas partes; era tanta su dicha, que fue necesaria la compañía de familiares y amigos para poder compartirla.

Hoy, Guadalupe “Lupita” Ambriz Piñón visitó la Quinta Guadalupe luego de muchos años de no hacerlo. Hacia los años sesenta, ella asistió a ese lugar regularmente en al menos dos veces al año. Era parte de la Orquesta Angelito y como tal era contratada para amenizar las reuniones de uno de los empresarios más prominentes del país en esos años: don Manuel Espinosa Yglesias

Al pisar Quinta Guadalupe, Lupita Ambriz evocó con claridad los espacios, colores y sonidos que conoció y que ella misma ayudó a generar en aquella residencia de trascendental relevancia para la vida económica de México. Todo lo encontró igual. Intacto. Inamovible. Sencillamente todo era lo mismo pero esta vez también todo era diferente.

En aquella entrañable época de los años sesenta las visitas de Lupita Ambriz ocurrían en un tono más bien discreto. Si bien la Orquesta Angelito era una parte distinguida en los convivios que allí se escenificaban, no dejaba de ser parte del escenario que se montaba para agasajar al distinguido auditorio. Esta vez no. Esta vez Lupita no formó parte complementaria del evento. En esta ocasión las puertas de Quinta Guadalupe se abrieron para homenajear a Guadalupe Ambriz Piñón como una de las ganadoras del Premio DEMAC 2017-2018 por su relato La música mi vida; mi vida y la música.

Desde su creación en 1989, la Asociación Documentación y Estudios de Mujeres, AC (DEMAC) se ha preocupado y ocupado en rescatar y difundir historias de mujeres extraordinarias. En 1993 la Asociación creó los Premios DEMAC Para mujeres que se atreven contar su historia y fundó la Editorial DEMAC. Con esto, DEMAC proporciona distintos tipos de talleres de escritura autobiográfica. Publica y distribuye en librerías y ferias del libro los textos de la vida de mujeres extraordinarias. Su intención es que todas esas vidas que están en silencio trasciendan sus esfuerzos de vida y que sus experiencias propicien cambios en la sociedad.

Las vidas extraordinarias están repletas justamente de momentos extraordinarios, de coincidencias casi providenciales. La de Lupita Ambriz no escapó a esta conjetura.

Con más de 80 años de vida —con exceso de juventud, dice ella— Lupita Ambriz comenzó a escribir sus memorias hace algunos años. Así, como no queriendo. Así, como para distraerse.

En un cambiar de páginas juntó suficientes textos como para ya no caber en su escritorio y más bien merecer un espacio público más amplio. Uno de sus hijos logró hacer que esos recuerdos llegaran a un medio de comunicación. Los colocó en una revista del norte del país. La acogida inicial fue buena. Luego, esa acogida se convirtió en una demanda extraordinaria. Así, sin pretenderlo, las letras de Lupita alcanzaron el eco que su voz y la voz de su instrumento —el contrabajo— lograron en los años sesenta de la mano de la Orquesta Angelito.

Fue precisamente el eco de esas vidas extraordinarias el que provocó que, por un azar del destino, las primeras memorias de Guadalupe Ambriz Piñón llegaran a los archivos de DEMAC y por tanto, a ojos de su directora general, la doctora Amparo Espinosa Rugarcía.

Participante del concurso Premios DEMAC 2017-2018, las memorias de Guadalupe Ambriz fueron seleccionadas entre cientos de escritos para colocarse primero entre los textos finalistas y después alcanzar la máxima distinción de ser uno de los tres relatos ganadores de esa edición.

Siguiendo el protocolo normal de la selección de ganadores, Amparo Espinosa fue enterada de los contenidos seleccionados por el jurado calificador.

Amparo Espinosa revisó y avaló la decisión del jurado pero cuando leyó La música mi vida; mi vida y la música, la heredera de aquellas bohemias de los años sesenta de la dinastía Espinosa-Rugarcía no pudo contener el remolino de recuerdos y emociones que le evocaron las palabras escritas por Lupita.

Y es que el texto de la bajista no solo fue para la doctora Espinosa un hermoso viaje en el tiempo sino que además la visión de “otra” resultó ser un catalejo para ver, conocer y reconocer a unos padres a los que nunca vio; o por lo menos, nunca los vio con los ojos que una “extraña” los veía. A través de recuerdos ajenos, Amparo Espinosa reconstruyó su propio pasado. A través de una visión prestada, Amparo Espinosa redimensionó las figuras de su padre y de su madre. A través de una historia ajena, Amparo Espinosa refrendó sus propias raíces. Después de esa lectura, con los recuerdos de su niñez retratados en una gran sonrisa y una enorme alegría dibujada en sus recuerdos, la directora de la Asociación dio el aval final al fallo del jurado de DEMAC.

Así, sin conocerse ni saber una de la otra, las vidas de dos grandes mujeres se volvieron a juntar y se reconocieron a través de las letras y el destino.

Venturosamente, casi providencialmente el destino le tejió a Lupita Ambriz el camino de regreso a la Quinta Guadalupe. Pero esta vez no entraría ahí como parte de un servicio. Esta vez las puertas de la Quinta Guadalupe se abrirían por ella y para ella. Para homenajearla. Para reconocerla. Para reencontrase con un pasado común.

Así que cuando Lupita Ambriz volvió a pisar aquella casa todo lo encontró igual, pero esta vez todo era diferente. Y la principal diferencia que encontró es que su anfitriona ya no era aquella niña con largas trenzas que durante los convivios de los años sesenta le encargaba frenéticamente su bolsa de dulces para no perderla. Esa niña se había ido. En su lugar, ahora vivía una educada y distinguida mujer que, entre otras muchas cosas, era la directora de una asociación encargada de abrir espacios “para que las mujeres se definan por ellas mismas y por nadie más”.

Ante la presentación del libro-homenaje que DEMAC montó en honor de Guadalupe Ambriz Piñón, la autora de La música mi vida; mi vida y la música, solo pudo corresponder con una distinción similar.

A los asistentes les regaló un fresco al óleo de sus memorias, respecto a lo vivido en aquella Quinta Guadalupe y que se refería a la grandeza y nobleza que solo seres extraordinarios son capaces de protagonizar.

Lupita relató:

“En la Orquesta de Angelito recorrimos todas las esferas sociales y desde las más altas hasta las más bajas y siempre ocurría lo mismo: a los músicos nos ponían en un rincón o debajo de las escaleras. La música era de muy buena calidad pero nadie se fijaba en los músicos. Pero en esta casa, cada vez que veníamos, la señora Amparo Rugarcía siempre se desviaba para saludarnos, se acercaba a nosotros y decía ‘Bienvenidos señores’; no hubo una sola vez que no se acercara a mí y me brindara una sonrisa.” Eso es una gran diferencia.

En esta oportunidad, el concurso DEMAC 2017-2018 Para mujeres que se atreven a contar su historia, reconoció con su publicación tres historias: la de Guadalupe Ambriz Piñón; la historia denominada Soy, de Belkys Pulido, y Levantando las alas, de Soledad.

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